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Muchos nuevos editores que se lanzan al espacio virtual tienen conceptos mitificados que les impiden ver el campo floreciente de la publicidad que se muestra ante sus ojos; se encuentran cegados por el Mito del Clic, o el sueño de la audiencia masiva.

El orden tiene un precio, al final todo se reduce a orden y clasificaciones: rankings en las ligas, tiempos en las marcas, lugares en las jerarquías, colocación en las salas, posición en los tableros...

La segunda gran revolución tras el medio impreso es el espacio virtual. El papel coexistirá durante unos años con la pantalla pero lo obsoleto de su planteamiento hace que tenga las décadas contadas.

Se entiende por “romper la baraja” terminar con el juego, romper las reglas del mismo o cambiar los procesos del mercado.

El conocimiento transmitido por palabras, desde hace miles de años, ha aumentado el poder sugestivo de las formas verbales, los caracteres alfanuméricos y las sentencias en la Red de redes.

Le Monde, uno de los periódicos franceses de referencia, pierde lectores por momentos, hasta llegar a perder más de 46.000 en seis años.

Uno de los pilares de facturación de un periódico impreso son los anuncios breves, que junto a las esquelas y los módulos y páginas configuran, en la empresa informativa, además de las ventas en el caso de los de pago –cada vez menos- la columna vertebral del negocio de los medios en papel.

Lo más interesante de una creación virtual son sus defectos. Es la observación de sus carencias lo que permite mayor aprendizaje.

You Tube ha demostrado que la imagen animada, por sí misma, vende. Pero el gigante de las escenas en movimiento es eso: una enorme base de datos de archivos de “cine”; fuera de ello sólo queda un vacío inescrutable.

Juan Pablo Mateos

Empezaron comprando un reloj con calculadora, alimentaron sus esperanzas en poseer una consola Atari o un Spectrum, soñaron con obtener la Nintendo o la Master Gear de Sega, disfrutaron con la Dreamcast, en una progresión de Ocio On-line que se adelantó a su tiempo y costó cara a la Dream -que fue fagocitada por Sony-, disfrutaron con Nintendo y ahora se esquilman la cartera para poseer la nueva generación.