Por Alejandro A. Tagliavini*
Antes que nada, y para que se queden tranquilos, aclaro que el "pulmón del planeta" son los océanos, no los árboles, ya que generan entre el 50 y el 90% -según diferentes expertos- del oxígeno global gracias al fitoplancton marino.
La deforestación mundial ha mostrado signos de desaceleración, con una reducción a 10,9 millones de hectáreas anuales entre 2015 y 2025, en comparación con los 17,6 millones de hectáreas registrados entre 1990 y 2000. A pesar de este avance, la tasa actual sigue siendo preocupante. Un informe de la FAO destaca que más de la mitad de los bosques globales ahora cuentan con planes de gestión a largo plazo y una quinta parte está protegida legalmente. Sin embargo, la pérdida neta de bosques ha disminuido, pero también lo ha hecho la tasa de expansión forestal. Los incendios y otros factores siguen afectando significativamente las áreas forestales. La evaluación subraya la importancia de los bosques para la biodiversidad, la seguridad alimentaria y el equilibrio ecológico.
Los bosques enfrentan serias amenazas debido a la tala ilegal, el narcotráfico, la minería y el tráfico de especies. La delincuencia organizada no solo causa daños ambientales, sino que también afecta aspectos sociales y económicos, incluyendo el trabajo infantil. Además, algunas empresas legítimas recurren a prácticas ilegales para maximizar sus beneficios.
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El calentamiento global, los incendios y las plagas representan una grave amenaza para los bosques del mundo, según expertos de la ONU. En 2021, se quemaron 12,6 millones de hectáreas de bosque, un área comparable a Grecia, y 73 millones de hectáreas fueron afectadas por insectos y enfermedades. A pesar de un aumento del 11% en el almacenamiento de carbono desde 1990, la crisis climática pone en riesgo estos logros. La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa advierte que si no se toman medidas urgentes en la próxima cumbre climática COP30 en Brasil, los bosques podrían convertirse en fuentes de emisiones de carbono, socavando los objetivos climáticos globales. Se requiere un enfoque renovado en la protección forestal para asegurar su vital función en el ecosistema.
A veces conviene darse una tregua, respirar hondo, antes de reflexionar sobre temas como la ola de incendios que asola nuestro país, especialmente en las comunidades autónomas gobernadas por el PP.
Tal y como destaca Ecologistas en Acción, la deforestación global es una de las chispas que enciende los incendios durante el verano: destruye los bosques que regulan el clima y contribuye al calentamiento global y al aumento en la frecuencia e intensidad de los incendios forestales.
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