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Las redes sociales en Internet: una plaga comunicativa

Las redes sociales en Internet: una plaga comunicativa

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
La tendencia de las redes sociales, en su imparable crecimiento exponencial, demuestra que la masificación de Internet no va a venir ni de la extrapolación de la televisión a la Red, ni de la radio en streaming, ni siquiera del visionado de vídeos en portales de uso colectivo. La red social incluye todo eso y más adaptada a un perfil de usuario. Internet será una enorme red social en pocos lustros. Una red con sus carencias y cualidades.
El micro espacio de gestión particular, ha sido la gota que ha colmado el vaso de las necesidades individuales. Tener tu propio espacio, con todo lo que implica: videos, archivos PDF,s, diseño a la medida, escaparate al público, etc…es el paso de oro a la interactividad. La publicidad ya lo ha detectado, y más del 20% de las marcas importantes se anuncian en estas redes.

El crecimiento publicitario de las redes sociales, que han pasado del 7% del pastel publicitario al 15% en menos de un año, con incrementos de más del 800% en inversión de las agencias de viajes, y de más del 300% en el sector del entretenimiento, demuestra que las redes sociales se están convirtiendo en calles imaginarias de ciudades con escaparates donde la gente se saluda, muchas veces sin conocerse, y llama a la puerta del otro por el mero hecho de sociabilizarse. Como siempre, triunfa la masa, el exceso, la grandilocuencia social de los estímulos del grupo o la tribu.

La enorme cantidad de perfiles creados a veces sólo parten de acciones de marketing automatizadas, este hecho se comprueba porque si un usuario usa una serie de aplicaciones, incorpora, si no se fija, a toda su lista de contactos a la red a la que se ha suscrito.

Trampas comerciales aparte, es cierto que la red social adquiere una relevancia continuada. Cada individuo en particular genera su espacio con la intención de ser visitado, comunicar y transmitir sus experiencias y recibir información de todo tipo. La intimidad se convierte así en una entelequia, pues muchos de estos internautas desconocen la gran facilidad de conseguir información de un ciudadano en función de la sinceridad que impone en su espacio social. De las páginas blancas, que dan la dirección del usuario y su teléfono, hemos pasado a conocer hasta la comida favorita del individuo y otras aficiones más personales todavía.

El festín de información desnuda, abierta como una yaga en la personalidad del individuo, lleva al nudismo virtual, que es la manera de enseñarlo todo gratis por unas gotas de ego y la búsqueda de amistad a toda costa.

Y es que cuando se sociopatiza la búsqueda de relaciones personales, la comunicación se convierte en un matadero de la sensibilidad humana. Si ofrecemos todo a cualquiera, mostrando nuestras debilidades, virtudes y defectos, el ser humano se convierte en un espacio de datos irreal y a la vez existente, pero no es tomado en serio, pues no da valor a su personalidad y la alquila o comparte en la búsqueda de ser conocido, a veces sin motivo aparente.

Las empresas, por su parte, sí han encontrado en estos canales un espacio barato donde mostrar sus productos o capacidades. La empresa siempre busca publicidad, cuanto más barata mejor, que genere respuesta y haga recordar al consumidor que está ahí. La mezcla de particulares y empresas en las redes convierte a estas en un cajón desastre donde todo se encuentra enseguida, sin problema pero también a veces sin utilidad.

El sentido de utilidad es abstracto, Ortega y Gasset, por ejemplo, definía el arte como “la ciencia de lo inútil”, y tal vez la sociabilidad sea la comunicación inútil que acompaña y comparte realidades en las redes sociales, muchas veces huecas e inermes, sin un objetivo definido. Viene esta reflexión ante una situación acelerada que provoca una atmósfera de convulsa interrelación. Esperemos, tal vez, que el cansancio del conocimiento mutuo eleve a otros fines, más trascendentes y productivos, la esencia del hombre contemporáneo.

Juan Pablo Mateos Abarca
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