www.gacetadeprensa.com

Día del beso, que se amarguen los ayatolas

Día del beso, que se amarguen los ayatolas
Ampliar
(Foto: Cibeles AI)
jueves 16 de abril de 2026, 12:50h
«Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… ¡Yo no sé qué te diera por un beso!», Gustavo Adolfo Bécquer.

En este mundo tan “realista” festejar el beso puede parecer frívolo, sin embargo, es un gesto tan esencial al ser humano y, por cierto, enormemente más constructivo que las noticias tan “reales” que leemos todos los días sobre los políticos, sus andanzas, corrupciones y conflictos que muchas veces terminan en feroces e inútiles guerras.

Dice la ciencia que besar es un comportamiento instintivo con raíces en la biología. Junto con la oxitocina y la dopamina que provocan afecto y euforia, besar libera serotonina, otra sustancia que incrementa el bienestar, la felicidad y la vida, y moviliza 146 músculos, e intercambia 80 millones de bacterias nuevas lo que no debe asustar, es natural.

Total, que el Día Internacional del Beso se celebró el 13 de abril pasado, como cada año desde el 2013 en recuerdo a uno de los besos más largos de la historia -que consiguió ingresar al Libro Guinness de los récords. Aunque la efeméride sí es un tanto superficial, la celebración está destinada también a reconocer la importancia de los gestos afectivos en el mundo, no necesariamente entre parejas, sino incluso entre seres queridos, familia y amigos dado que es una manifestación universal de afecto y alegría que ya aparecía en el Antiguo Testamento.

Pero besar en público en algunos países, como Irán, está estrictamente prohibido y se considera una violación de las normas islámicas del país. Las leyes estatales prohíben las muestras de afecto en público, incluso entre parejas casadas y las que se besan o tienen contacto físico cercano, como un abrazo, pueden enfrentar hasta la detención por parte de la "policía de la moral". Llegando al colmo de amenazar con castigos -como la flagelación- a quienes han saludado con un beso en la mejilla estando en el extranjero.

Por cierto, hablando de la vocación represiva de los ayatolas que usurpan el gobierno, remarquemos que Irán enfrenta una casi total desconexión de internet que se ha prolongado por siete semanas, “por motivos de seguridad nacional”. Claramente están aprovechando la guerra para reprimir aún más a sus ciudadanos y agravar la crisis económica del país. Desde el inicio del apagón, la población tiene acceso únicamente a una red nacional limitada y bajo vigilancia estricta.

Pero volvamos al tema que nos ocupa. La confusión parte de la creencia de que la moral es un conjunto de normas establecido por alguna “autoridad” ya sea religiosa, cultural, política o de cualquier índole. Cuando la moral es una ciencia y, por tanto, no puede ser dictada por ningún ser humano por muy “iluminado” o “autorizado” o “delegado” por Dios que se crea. Así como ninguna persona puede establecer las leyes de la física tampoco puede establecer las leyes morales.

Jacques Maritain afirma que la ley científica no hace jamás otra cosa que extraer, de manera más o menos directa, más o menos desenvuelta, la propiedad o la exigencia de un cierto indivisible ontológico, que no es otro que aquel que los filósofos llaman bajo el nombre de naturaleza o esencia.

Es decir, todo lo que la ciencia hace es descubrir y explicar lo que de hecho ya ocurre en la naturaleza, como la ley de la gravedad o las reacciones químicas, muchas veces utilizando un lenguaje científico como lo son las matemáticas. Y la técnica, la tecnología, aplica estas leyes científicas para desarrollos, precisamente, tecnológicos.

Así, la moral es la ciencia que estudia y describe las leyes de la naturaleza para que el ser humano se desarrolle plenamente. De aquí que la violencia es inmoral en todos los casos, precisamente porque impide el desarrollo natural, espontáneo de las personas violentadas.

Pero vayamos al origen de la confusión. La cultura occidental y global ha sido copada por el racionalismo que cree que no existe nada superior a la razón humana y, por tanto, con ella se puede crear todo, incluso las sociedades humanas, y hasta dios tal como Trump que se cree Jesucristo.

Y este racionalismo menosprecia a la metafísica ya que esta ciencia se dedica al estudio del orden del cosmos, de la naturaleza que es anterior y superior a la razón humana, de hecho, el ser humano es parte de esta naturaleza. Y, por supuesto, también menosprecia a la ciencia del infinito, a la Teología, aun cuando luego no pueden explicar qué es el número infinito en el que, por caso, se basa toda la matemática, no pueden razonar el infinito.

Sintetizando, la metafísica dice que existe un orden en el cosmos para el desarrollo de la vida que la pequeñez del hombre no puede alterar, y la Teología asegura que de Dios (del Infinito) parte el universo para el bien, y esta omnipresencia no puede ser, ni remotamente, desafiada por el cerebro humano.

Y quienes descreen de la metafísica, de la naturaleza preexistente, y su derivada la ciencia moral, además, desoyen al sentido común (sensus communis), como lo describe Tomás de Aquino, que unifica los datos del episodio perceptivo, y le da al sujeto la certeza del hecho que está viendo, oyendo, etcétera.

Por el contrario, la fantasía o imaginación según santo Tomás es un instrumento cognitivo que cree reales hechos solo pensados por la mente humana, he aquí el racionalismo que llega a la ridiculez de castigar a quienes realizan algo tan natural como besarse.

Como señala el destacado epistemólogo Paul Feyerabend, suele ser mucho más acertado el sentido común de las personas cuyos propios intereses están en juego, que las decisiones ─las fantasías─ de lejanos «expertos» racionalistas subidos en una torre de marfil ridículos al punto de decir que las demostraciones de afecto en público no son saludables.

Y eso son los “gobiernos” en el mundo hoy, estas son las «autoridades», y los «expertos». Por ello es que el racionalismo ─pseudo religión y pseudo ciencia, decía Feyerabend─ que pretende controlar al cosmos con la «razón» humana, necesita desprestigiar a la metafísica y a la Teología. Y ha montado a los Estados modernos que se creen capaces de elaborar una moral y hasta diseñar la vida de las sociedades, la vida humana.

Festejemos el beso y popularicémoslo, y que se ofendan los criminales ayatolas iraníes. Aunque tampoco sean aceptables actitudes extremas como la amenaza de “destruir la civilización de Irán” por parte de Trump. Actitudes que le valieran la crítica del Papa León XIII que el presidente de los EE.UU. contestó amargamente provocando la repulsa de todo el mundo, incluida su principal aliada europea, Girogia Meloni.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

En X @alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)
Compartir en Google Bookmarks Compartir en Meneame enviar a reddit compartir en Tuenti

+
0 comentarios