Juan Pablo Mateos Abarca
Juan Pablo Mateos Abarca

“Todos quisieron ser Murdoch por un día”

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Enric Bastardes, de la Federación de Sindicatos de Periodistas, afirma que “todos quisieron ser Murdoch por un día”, esa es la frase que resume el periodo de grandes ganancias en el papel prensa. Las revistas, los periódicos, las agencias, entraron en una vorágine de beneficios que se basaba en carencias tecnológicas y reiteración de sistemas centrados en la pasta de corteza de árbol. A falta de tecnología y exceso de dinero en circulación, el periódico o la revista eran un gasto asumible por cualquier familia de clase media o pequeña empresa hostelera.
Los tiempos han cambiado con el uso de la tecnología de tabletas digitales, los sistemas híbridos papel-digital, los portales de actualización permanente, los blogs de profesionales especializados, las webs de lectores informados y las redes sociales comunitarias.

La solución del editor mal acostumbrado a grandes beneficios pasó por reducir personal, tirar más de agencia, rebajar el valor de los contenidos propios o despedir a colaboradores freelance. El periódico perdió valor y se empezó a regalar. A falta de una estrategia empresarial adecuada, se prescindió del factor humano o se redujo su contratación. Esta paradoja ha creado gurús informativos excepcionalmente bien pagados junto a grandes porcentajes de agencia y periodistas poco experimentados y mal remunerados. Los distribuidores, puntos de venta y grandes editores cerraron la puerta a acuerdos conjuntos de venta de libros electrónicos o regalo de terminales inalámbricos de última generación, incluso aunque el gobierno aportara el capital. Se aceptaban las subvenciones para mantener el sistema, no para transformarlo y los lectores se alejan del formato papel a fórmulas más baratas porque ganan menos, pierden el empleo o disponen de información digital por canales gratuitos.

La inversión y el desarrollo en nuevas formas de entender la comunicación se producen de forma lenta, obligada por el mercado y forzada por las circunstancias. Los altos ejecutivos deciden a contrapié, cuando ven que la pata fuerte, su papel, se arruga y flaquea, entonces comienzan los desarrollos acelerados, sin confianza y cuya usabilidad, no contrastada, produce aplicaciones pobres en capacidades, para salvar el guión y aparentar cercanía con el futuro.

El lector se retroalimenta de informaciones incompletas, titulares escuetos y párrafos cortos. El periodista reedita rápido una noticia para ser el primero, no el mejor; la información pasa de ser enlatada en los gratuitos a mal contada en los digitales. El periódico cambia su valor y comienza a subir su precio, se malvende en sus ediciones digitales y se generan formas de suscripción baratas, en un baile de precios que delata que un sistema nuevo permite unos márgenes tan grandes de PVP que denigra el anterior.

Carles Flo afirma que los editores quieren acabar con el papel. El sistema provoca que los organismos de justificación necesiten datos, los datos se dan hinchando las cifras a base de regalar ejemplares de pago, subestimando el producto editorial. Cuanto más regalas, menos vendes. Siguen la estela de los gratuitos con una plantilla mucho más grande y experimentada, basada en periodismo de cierto nivel, el que queda, y regalan para convencer a los anunciantes de que no pierden lectores. El auténtico lector es el que paga por un producto que tiene un valor establecido, lo demás son artificios contables que impone el mercado para aparentar crecimientos inciertos.

Una tableta digital puede contener miles de periódicos y revistas, ser documentadas, buscadas, leídas y guardadas durante décadas. No se pone rancia, no se deforma o arruga (exceptuando los futuros papeles plásticos). Una tableta digital es un producto portatil, de alta movilidad, en el que el espacio o el tiempo informativo no existen, en una dinámica instantánea de datos y de memoria efectiva al alcance en cuestión de segundos. Pero los sistemas se basan en personas, que viven de tecnologías obsoletas porque no conocen otra forma de entender el negocio de la prensa. Los distribuidores no dejan de repartir, los puntos de venta de ofertar y los editores de imprimir: Hace tiempo que es evitable, pero no superable.


Juan Pablo Mateos Abarca
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