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La fábrica de la mente. Datos, poder y control

La fábrica de la mente. Datos, poder y control
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Por Jorge Molina Sanz
miércoles 08 de abril de 2026, 17:42h
Los costes invisibles de la era digital.

El viejo marino comenta:

—Nos han dicho que la tecnología digital nos va a hacer la vida más fácil y es cierto que lo hace, pero lo que no nos han dicho es que, de paso, nos va a manejar sutilmente, en principio, para acabar de modo descarado y cínico.

Un reciente artículo de Andrew Ross Sorkin en el The Times (NYT) apuntaba la precepción de cambios relevantes, social y políticamente, de las plataformas digitales y que empiezan a ser muy cuestionadas, no por su tamaño, sino por las consecuencias de su impacto.

Las recientes sentencias en EE. UU. contra Meta y YouTube por daños en la salud mental a menores —irrelevantes frente a sus beneficios—, pero significativas por el precedente que supone el cambio de percepción de éstas.

La profesora interviene:

—Durante años se ha discutido si estas plataformas eran meros intermediarios de datos, pero este debate se ha quedado corto y obsoleto, porque el verdadero problema está que, además de canales, se han convertido en una estructura que orienta el comportamiento.

Su diseño responde a principios, aplicados en psicología conductual, para conseguir la captación de la atención, como señalan distintos estudios. Los adolescentes pasan de 3-5 horas/día en redes sociales, con una correlación creciente con episodios de ansiedad, depresión y trastornos del sueño. Aunque reducirlo a la cuestión de la salud, siendo grave, es una simplificación, porque hay otras muchas consecuencias,

Este modelo de negocio se basa en extraer datos y monetizarlos de diferentes modos. Por ello, cuanto más tiempo navegues, mayor es el volumen de información que se recopila; cuanto más precisa sea, mayor es la capacidad de segmentación y cuanta más segmentación, más rentable es la publicidad.

La IA ha acelerado este proceso por su capacidad para automatizar tareas, procesar información y mejorar la productividad. Diversas estimaciones sitúan este impacto potencial en billones de dólares anuales sobre el PIB global. Negar ese avance sería absurdo, pero centrar el debate ahí sería quedarse en la superficie con una visión ingenua y simplista de las posibles consecuencias.

El marino ironiza:

—Antes los negocios competían para venderte algo, ahora lo hacen para conocerte mejor que tú mismo. Ahí reside la verdadera transformación, porque no estamos ante una evolución tecnológica, sino ante una mutación en la misma estructura del poder.

Por primera vez en la historia económica, un número reducido de corporaciones no solo concentran capital o capacidad productiva, sino también la capacidad de influir en la formación de opiniones, hábitos y decisiones.

En la Edad Media el poder era la tierra, con la Revolución Industrial en la producción y en el siglo XX en el control financiero. Hoy se mide en algo tan etéreo como la capacidad de influencia cognitiva.

Quien controla los flujos de información, los algoritmos y su interpretación no solo organiza mercados, sino también condiciona la percepción de la realidad y la reorienta.

La profesora añade:

—El riesgo no es solo la manipulación directa, sino su capacidad de construir entornos «cerrados» en los que los algoritmos refuerzan la información, las ideas o las creencias previas y reducen la exposición a opiniones discrepantes; lo que denominan «cámaras de eco»,

Hoy, con la IA generativa, esa capacidad se ha amplificado por la automatización de contenidos, con mensajes personalizados o la simulación de identidades. La frontera entre información y manipulación se difumina, sin que haya una respuesta desde las instituciones contundente.

En EE. UU. hay una protección jurídica excesiva a esas plataformas y los intentos regulatorios de la UE van a un ritmo muy por debajo al de las innovaciones tecnológicas.

La historia nos ofrece paralelismos con los grandes monopolios industriales y financieros en cuanto a la concentración de poder y prevalencia sobre el interés general. Aunque en la actualidad ya no es una cuestión de precios, de competencia o de eficiencia del mercado, sino que esta nueva era representa una diferencia cualitativa, la libertad individual.

La tecnología digital puede aportar beneficios, eficiencia y oportunidades, pero no hay que ignorar sus peligros colaterales.

El viejo marino remata:

—Se decía que, «la información es poder» y siempre ha habido quien la maneja. La diferencia es que ahora esa información sirve para influir en lo que debes pensar. A partir de ahí, la libertad empieza a ser discutible.

Jorge Molina Sanz

Agitador neuronal

[email protected]

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