El acceso a la información pública y el rol del periodismo (Parte I, de III)

Benjamín Fernández Bogado // Fuente: www. saladeprensa.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Con frecuencia se suele tachar al periodismo de poco serio y consistente en la presentación de sus historias al público lector, oyente y televidente. Uno de los argumentos que esgrimen los comunicadores es la falta de acceso a las fuentes, lo que les lleva a confiar en gente no creíble o a no tener la posibilidad de contrastar los hechos de forma que la verdad emerja. La ley de acceso a la información pública es un poderoso argumento en contra de esta situación que, de hecho, puede contarse entre las razones del descenso de confianza también hacia los medios.

Si la información está disponible para todos, incluidos los miembros de la prensa, el argumento en contra de la presentación de las mismas no podrá ser en el futuro otra que la ausencia de una conciencia profesional, una ética verdadera, un trabajo serio del periodista que deja a un lado la pereza de la investigación y por sobre todo, y más que todo, ayudará a recuperar la confianza perdida en la prensa, cuyos costos a la democracia no son pocos.

Es preciso entender que la labor de la prensa no reducirá a la búsqueda de la información por este medio para publicarla ni dejara de lado las filtraciones, intereses y luchas en los lugares donde se genera la información y que constituyen referencias importantes a la hora de convertir un hecho en noticia, pero indudablemente la prensa, haciendo uso de la publicidad de la información pública, cooperará al enriquecimiento de su labor al tiempo de servir como estímulo y acicate para que los ciudadanos impulsen demandas de conocer algo que forma parte de su patrimonio, su derecho y por sobre todo de su calidad de mandante en democracia.
A veces por un malentendido concepto de que la ley de la información pública determina una serie de aspectos que no pueden ser publicados por razones de reserva o confidencialidad, algunas absolutamente razonables y otras sin sentido, la prensa en nuestros países ha atacado con ferocidad inusitada a los proyectos de leyes de acceso a la información pública calificándola de “mordaza” y otros adjetivos, polarizando el debate en torno al derecho de la prensa antes que al de los individuos e impidiendo en muchos casos que leyes de este tipo sean sancionadas en nuestros países.


Para algunos en el periodismo pareciera ser más cómodo y llevadero moverse en un terreno sin limitaciones que un ámbito pactado de normas que pueden y deben ser conocidos no sólo por la prensa y que no constituyen un patrimonio exclusivo de ella sino de la sociedad toda. Es preciso en los debates en torno a esta ley que ganase a la ciudadanía desde el inicio, ya que si el mismo se polariza entre ambos poderes -el político y el de la prensa-, casi siempre es la sociedad la que termina perdiendo. En el Paraguay, donde el diputado Rafael Filizzola presentó un proyecto de acceso a la información pública denominado de “Transparencia administrativa” hace dos años, demostró que cuando no hay participación de sectores y el debate se deja sólo a los políticos y la contienda dialéctica final se plantea sólo con la prensa, el daño que pueden causar a la ciudadanía es tan grande como dejar de tener una norma que es considerada hoy no sólo un signo de modernidad democrática, sino fundamentalmente un argumento que refuerza la confianza en las instituciones del sistema, fortalece la ciudadanía, abarata los costos de la democracia, reestablece los vínculos entre mandante y mandatario corrigiendo esa relación, y por sobre todo involucra a la prensa en la construcción de una sociedad democrática donde aquella deja de ser un poder y se convierte en un servicio que sí da poder, pero al ciudadadano. Si la prensa entiende ese rol y se coloca como sirviente de la sociedad y no como mandante de ella para colocar los temas de su agenda comercial o política, la ley se constituye en un elemento dinámico y reparador de nuestras democracias heridas de desconfianza y parchadas de desilusión.

El periodismo debe jugar un rol activo debatiendo aspectos de la ley pero sin sepultarla, dejando a un lado la agenda oculta que un debate en torno a esta ley no es más que un escenario de ejercicio de dos poderes sociales y desnudando en realidad que tanto los políticos como la prensa no quieren servir al ciudadano sino por el contrario desean colocar los temas de su agenda sin límites ni referencias sirviéndose de ella a su paso y evitando que la norma de acceso a la información pública se convierta en un mecanismo que permita el crecimiento de la sociedad en democracia al saber qué hacen sus mandantes públicos y privados que administran servicios que son de todos. El riesgo de la polarización está siempre vigente, lo hemos padecido en el Paraguay, donde el pésimo proyecto de ley se transformó en un mamarracho jurídico que por vergüenza y presión los mismos que lo sancionaron -Ejecutivo y Legislativo- tuvieron que derogarlo en un tiempo récord. El daño que le hicieron a la ley ha sido tan grande que hoy no vemos en el horizonte legislativo nacional atisbo de volverla en el centro del debate, impulsando de verdad una transparencia en los hechos públicos que sirvan para fortalecer la descreída democracia de nuestros países.

La prensa debe entender su rol de servidora de la sociedad. La calificación de cuarto poder la ha colocado en el centro de la disputa contra los otros tres poderes públicos, notándose una intención de demostrar en esta pulseada un claro interés de sobreponer los intereses particulares de uno sobre el otro, pero perjudicando al mandante natural de ellos, que es la ciudadanía. Si la prensa entiende que una norma de acceso a la información no sólo sirve a sus intereses profesionales sino también hace que la ciudadanía crezca no sólo en participación y en conocimiento de lo quehacer en su nombre, sino en confianza para recuperar su dinamismo económico, habrá logrado participar de forma seria en la construcción de una sociedad democrática donde la información es un capital de todos que sirve para todos.
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