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Es mejor perder la nota que la credibilidad (Parte II de II)

Es mejor perder la nota que la credibilidad (Parte II de II)

Por Jesús Blancornelas/ Fuente: www.investigacion.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Fuimos los únicos que hasta el momento entrevistamos en prisión al asesino. Nos confesó que disparó en dos ocasiones. Nos dijo que él era el que estuvo en el lugar de los hechos. Le enseñamos una foto de él y lo confirmó. A pesar de eso, la gran mayoría de la prensa mexicana no lo aceptó. Unos insistieron en que había dos Aburtos (Mario Aburto es el nombre del asesino confeso y sentenciado). Otros que hasta cinco.
Tres años después de cometido el crimen, la Subprocuraduría General de la República confirmó nuestras publicaciones: un solo Aburto.
Un año después del asesinato fue detenida otra persona acusada de haber disparado, a pesar de que el asesino original ya había sido sentenciado. Las investigaciones de nuestro equipo demostraron que era inocente, pero el hombre estuvo en prisión un año hasta que lo declararon libre sin cargos.
Una editora y una reportera de nuestro equipo de investigación pasaron meses para determinar, con el auxilio de médicos mexicanos y estadunidenses, que cuatro piquetes de aguja muy bien alineados en uno de los muslos de Colosio no eran, como se pensaba, de alguna droga estimulante. ¿Se imaginan el gran escándalo si el mismo día que descubrimos esos piquetes hubiéramos publicado que eran sospechosos?
Naturalmente habríamos ganado muchos lectores. Pero también naturalmente los hubiéramos perdido cuando se conociera la verdad. Y la verdad fue que una doctora especializada en cardiología aplicó las inyecciones como un último intento por reavivar a la víctima.
Un día, en el camino de las investigaciones, nos encontramos con que el candidato presidencial se había casado antes del matrimonio que vivía al ser asesinado. Teníamos el nombre de su antigua esposa.
Supimos y obtuvimos la prueba que importantes personajes firmaron como testigos en aquella boda civil. También obtuvimos el acta de divorcio. Decidimos no publicar nada porque consideramos que mencionarlo en nada ayudaba a solucionar el crimen. Naturalmente antes investigamos los motivos de la separación, los cuales no eran de mayor alcance.
Lo malo es que el periodismo de investigación se ha convertido en algo así como en un deporte para ver quién publica la fantasía que atraiga más lectores. Esa acción provoca otra clase de pingpong, en el que informar sin base tiene como respuesta el desmentido o la fantasía por parte de otro periodista.
Sobre el caso Colosio se han escrito más de veinte libros. Y hay autores que ni conocieron a la víctima ni al victimario ni el lugar donde sucedió la tragedia. A nosotros nos costó tres años de investigaciones y por fin mis compañeros Adela Navarro, Francisco Ortiz Franco, Héctor Javier González y yo escribimos un libro sobre el caso.
Somos de la idea que el trabajo de investigación periodística no es para publicar suposiciones, sino para consignar hechos. Y también de que esas tareas no son privativas de superhombres o supermujeres. Un buen trabajo de investigación tiene sus mejores resultados cuando se hace en equipo y bajo un mando.
En nuestro país el 99% de los mexicanos cree que el ahora expresidente Carlos Salinas, el sistema o los dinosaurios mandaron matar a Colosio. Nosotros pertenecemos a ese 1% que dice lo contrario. Pero la diferencia entre el 99 y el 1% no es numérica; el primero no tiene pruebas, el segundo sí.
Yo pienso que en el periodismo de investigación es preferible perder la nota a perder la credibilidad.
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