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El Constitucional se equivoca

El Constitucional se equivoca

Por Javier Bleda

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
El alto tribunal ha cometido un grave error que va a trastornar, desde el mismo momento en que se emitió la sentencia sobre la cláusula de conciencia de un periodista, no ya solo a las empresas de comunicación, sino a cualquier otra en la que a un trabajador se le antoje que las cosas "ya no son como eran".
Resultó que el citado periodista, Francisco Escobar Jiménez, decidió abandonar su puesto de trabajo cuando yo era director del diario Ya, allá por las postrimerías del año 1997. A pesar de que rescindió su contrato unilateralmente, tuvo la desfachatez de denunciar a la empresa en los juzgados de lo social alegando que se acogía a la cláusula de conciencia constitucional porque yo entré en el periódico con "aires de falangista" y, claro, eso su mente "constitucional" no lo podía soportar. Me pregunto porqué en primera y segunda instancia judicial no le dieron la razón y le indicaron en las respectivas sentencias que debiera haber denunciado esa cláusula ante los tribunales antes de marcharse. Me pregunto porqué no tuvo en cuenta que ser "falangista" también es mi derecho y que, en cualquier caso, se trata de una ideas que compiten democráticamente en las urnas con el resto de partidos. Pero sobre todo me pregunto porqué cuando, antes de llegar yo a la dirección de ese diario, no alegó la ya famosa cláusula de conciencia cuando el editor, Rodríguez Menéndez, intentó hacer creer a todo el mundo que había encontrado a Antonio Anglés; o cuando, ya bajo mi dirección, se empezaron a marcar las directrices para la difusión del vídeo de Pedro J. Ramírez siendo él el subdirector. Insisto en que, con este fallo, el Constitucional ha dado patente de corso para que se realicen todo tipo de tropelías laborales en nombre de una, a veces, falsa conciencia. ¿Se imaginan lo que habría pasado si los redactores de El Mundo, periódico que representa los intereses de una parte de la sociedad de moral estricta, hubiesen reclamado también acogerse a la cláusula de conciencia al enterarse de que su director no sigue los criterios de conducta que se suponen para alguien que obra en tan alto cargo? ¿Tal vez es que en este país hay libertad sexual pero no política? ¿Y se imaginan, ya puestos, qué pasaría si los trabajadores de Vía Digital reclamasen el mismo tratamiento que el ínclito Escobar alegando que la fusión con Canal Satélite es una variación total de la postura política de su empresa?
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