La Irrelevancia de lo Irrelevante

La Irrelevancia de lo Irrelevante

Sergio Rego Monteiro / Fuente: www. revistaideas-online.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Mis amigos dicen que yo tengo algunos rasgos negativos de carácter: no bebo, no fumo, he estado casado por 42 años (con la misma esposa), y odio quedarme despierto pasada la medianoche. Según la demografía normal de mi barra, yo soy lo más cercano al completo aburrimiento que uno pueda conseguir.

Por ejemplo, no se me ocurren muchas situaciones que me pongan tan incómodo como ir a un bar y sentarme alrededor de una mesa a engancharme en charlas interminables. Durante nuestros “happy hours” yo escucho demasiado, hablo muy poco, y siempre me voy con la sensación de haber sido un extraño entre mis propios amigos. Yo leí “Instantes” de Jorge Luis Borges y me sentí tan distante de lo que él escribió como si estuviera en Marte.

Ahora, seamos honestos, ¿qué puede tener de “divertido” pasar la tarde tomando Coca Diet y ahogándome con humo de segunda mano? Lo hago porque entiendo que ese sacrificio esporádico es necesario, al menos para mantenerme actualizado de los chismes periodísticos.

La última charla entre mis amigos periodistas fue algo así: “Me preocupa la situación de los periódicos”, dijo un editor. “Todos se sienten perdidos cuando piensan en el futuro y agobiados por el creciente costo del papel. El número de ejemplares vendidos sigue disminuyendo, así como el número de lectores devotos.”
“No se pueden reducir los costos de ninguna manera inteligente, porque no hay ninguna evaluación hecha de manera consistente sobre cómo buscar mayor productividad en la sala de redacción, o cómo evitar la alarmante idea de un “baño de sangre”, dijo un profesional del marketing, irónicamente. Algunos de los presentes estaban ya dispuestos a tirarle a la cara con su cerveza. “Y ahora se lo pasan discutiendo sobre si deben cambiar de tamaño, y qué van a pensar de ellos si efectivamente cambian de tamaño. “Podrían considerarnos un tabloide.” Nuevamente la misma ironía…
Entretanto, la solución es clara: cuando los costos aumentan, los gastos se transfieren a los lectores y a los anunciantes. El recorte de gastos fue un tema recurrente durante la conversación. Alguien trajo a colación un cuento que solía contar un famoso economista brasileño, Mario Enrique Simonsen (un consultor de Citibank, ya fallecido). El cuento es sobre un portugués (los brasileños aman tomarle el pelo a los portugueses) que estaba preocupado por el costo de la alfalfa que necesitaba para alimentar a su cría de caballos purasangre ingleses. Decidió hacer un experimento y redujo el 10 por ciento del alimento de los animales. Pasó un mes y sus caballos todavía seguían fuertes y brillantes. Se sorprendió de los resultados. Sigamos adelante y tratemos de encontrar el punto de equilibrio de la alimentación de los animales. Y redujo otro 10 por ciento. Misma reacción de la tropilla. Y así siguió y siguió. Cuando finalmente llegó a su punto de equilibrio, los caballos se murieron. Explosión de risas por la reducción de gastos.
“Estamos perdiendo lectores, no importa lo que hagamos. Y los periódicos son una compra diaria cara, dado los ingresos promedios del brasileño. El costo por mil es cada vez menos atractivo para los anunciantes comparado con otras alternativas de comunicación segmentada. “Este comentario provino de un ejecutivo contable que trabaja para una agencia de publicidad.

Yo no sé cuál es la solución, pero sí debemos entender que hay algo más detrás de lo obvio. Nadie ha analizado aún, esta economía digital en la que vivimos, y sus repercusiones sobre la prensa. De hecho, ni siquiera Humphry Davy (RU, 1809) pudo haber anticipado lo que Thomas Edison (EE.UU. 1879) iba a desarrollar más tarde con la generación de la electricidad. Hubiera sido inimaginable predecir lo que iba a permitir la nueva invención, además de la posibilidad de prender y apagar las bombitas (y reemplazar las velas); la densificación de las áreas urbanas en todo el mundo por vía de los ascensores y sus rascacielos.

Las asociaciones de periódicos deben promover una reunión permanente a modo de asamblea, con las características de un grupo de expertos, y tratar de ver más allá del horizonte. El problema es que cuando uno reúne editores alrededor de una mesa de un congreso y el tema no es la discusión de subsidios, la libertad de prensa, y los ataques a los periodistas, cualquier esperanza de un entendimiento entre ellos parece tan ilusoria como tratar de conseguir un acuerdo en las conversaciones de Medio Oriente, y tan útil como esta columna mía.

Dicho sea de paso, nunca supe que pasó como resultado de la reunión de expertos que organizó Roger Fidler en Boulder, Colorado, bajo los auspicios de Knight Ridder. Se dice que sus descubrimientos fueron enterrados. Quien sabe, quizás para ser desenterrados por una civilización futura, junto con otro de esos descubrimientos del medio de los Andes.

Para redondear el happy hour, la conclusión a la que se llegó fue que si uno analiza los periódicos, los caballos, y la cerveza, esta última es probablemente el tema más fácil y menos neurótico. Finalmente, nos fuimos del bar porque después de varias botellas de cerveza, de cualquier manera, la charla se había empezado a poner demasiado confusa. En lo que a mí respecta, había tomado suficiente Coca Diet y no podía soportar más mi sobriedad inútil.

La reunión estuvo regada de irrelevancia, porque estas charlas son improductivas por naturaleza. Pura pérdida de tiempo. Estoy pensando para el futuro…. en retirarme.
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