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La invención de mitos en “La Jornada”

José Pérez-Espino Parte II de II / Fuente: www.almargen.com.mx

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
¿“Llaveros de pezones”?
Elena Poniatowska es la protagonista de uno de los mayores excesos de ligereza cometidos a través de la televisión en torno a los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez.
Según Julia Monárrez Fragoso, en su artículo “Feminicidio sexual serial en Ciudad Juárez: 1993-2001”, publicado en la revista Debate feminista, en su edición de abril de 2002, del total de las víctimas identificadas: 12 por ciento son menores de 15 años, 15 por ciento son mayores de 25 años y 10 por ciento son mayores de 30 años.
Igualmente, 13 por ciento eran empleadas de maquiladora, 58 por ciento no tenían una ocupación específica, el resto eran estudiantes, amas de casa o empleadas del sector servicios.
La precisión en los datos no se contrapone a la exigencia de que sean esclarecidos los homicidios aún impunes, ni a la solidaridad con las familias de las víctimas. Pero en vez de consultar y citar fuentes, escritores afamados como Elena Poniatowska han preferido repetir datos falsos.
Para colmo, Poniatowska tituló su colaboración como: “Las muertas de Juárez”, igualito que el libro de Víctor Ronquillo que ella misma había criticado en un artículo publicado en La Jornada, por la forma en que Planeta se apropió del manuscrito de las siete periodistas juarenses.
Por la distancia con el DF es comprensible que ni La Jornada ni Elena Poniatowska utilicen como fuente de primera mano a la prensa de Ciudad Juárez. Pero tampoco atienden a fuentes cercanas en la precisión de sus datos relacionados con las características de las víctimas.
Amparada en su prestigió y no en hechos probados y comprobables, Poniatowska incurrió en un desliz de antología durante una de sus cotidianas participaciones en El Noticiero, en el Canal 2 de Televisa.
La escritora dijo:
“Ciudad Juárez es una rasposa franja industrial de maquiladoras que ensamblan productos para exportar productos para exportación frente al Paso, Texas (sic)”.
Enseguida comenzó el exabrupto:
“Allí, cuando tienen una desavenencia los esposos amenazan a sus mujeres: ‘si no haces lo que yo te digo voy y te tiro en el desierto’ (sic). ¿Por qué? Porque desde hace más de ocho años mujeres entre los 15 y los 25 años son misteriosamente violadas, estranguladas, asesinadas y abandonadas en el desierto al oeste de la ciudad (sic)”.
“Como el gobernador de Chihuahua se ha desentendido de la tragedia, las madres y los familiares de las víctimas se han unido para llevar a cabo sus propias investigaciones y denunciar a policías y procuradores ineptos. Sin embargo, con una despiadada ironía, ahora en Ciudad Juárez se venden llaveros con formas de pezones de mujer (sic)”.
En efecto, son palabras de Elena Poniatowska, en red nacional por el Canal de las Estrellas de Televisa. Las pronunció el viernes 18 de julio, el El Noticiero que conduce Joaquín López Dóriga, en la sección llamada “En la opinión de...”
Que una “vaca sagrada” de las letras capitalinas formule declaraciones de tal naturaleza, revela el grado de manipulación y ligereza con la que se habla en los medios del Distrito Federal acerca de los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, lo que a su vez alimenta el estigma que persiste sobre la frontera.
Mitos recurrentes
La Jornada no ha realizado un ejercicio de rectificación y todavía sostiene sus errores, ratificando los mitos generados hace más de cinco años por el mismo diario. En un reportaje publicado el lunes 4 de noviembre de 2002 en el suplemento “Triple Jornada”, el titular principal establecía:
“Alguien muy poderoso, con protección policiaca, tras el impune feminicidio en Ciudad Juárez: peritos y activistas”.
Un balazo aseguraba: “Hay 44 osamentas en costales en el anfiteatro municipal”. Y el sumario: “320 asesinatos, 95 de ellos seriales”; “Sadismo sexual y asfixofilia entre los desordenes mentales de los criminales”; “Las autoridades no toman en serio la investigación porque las víctimas son pobres”.
En el cuerpo de la nota, La Jornada repite los mismos estereotipos que inventó hace más de un lustro:
“Las víctimas fueron seleccionadas previamente, ya que tienen las mismas características. Eran jóvenes, en su mayoría empleadas de plantas maquiladoras o de comercios en la zona centro de Ciudad Juárez, que no contaban con vehículos para trasladarse y que tenían que viajar en camiones de pasaje urbano.
“Eran bonitas y jóvenes, delgadas, morenas de cabello largo, que vivían en los cinturones de miseria que rodean la ciudad y que llegaron a la frontera desde otras ciudades...”
Más adelante, el diario dice que a las víctimas “aparte de violarlas sexualmente por ambas vías (sic), el o los homicidas, les apretaban el cuello para estrangularlas, con lo que el violador sentía mayor placer porque ellas contraían de esta forma sus órganos genitales, además las mordieron, y atacaron con cuchillos en pecho y abdomen en extraños ritos de muerte (sic)”.
La nota agrega:
“Algunas tenían los senos cercenados, otras como las ocho localizadas en el mismo sitio el año pasado, tenían el pelo cortado en la base del cráneo, unas cuantas tenían cortado un triángulo en sus órganos genitales lo que hace pensar en ritos satánicos (sic)”.
Con esa ligereza expone La Jornada al resto del país el caso de los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez. En este caso, simple y llanamente el redactor utiliza como fuente a su imaginación. Sólo así alguien puede “pensar en ritos satánicos” en vez de investigar.
Estigma y lucro
La deficiente y manipulada cobertura informativa de los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez por parte de la prensa del Distrito Federal ha contribuido generar mitos y a preservar a la impunidad.
Los que más se repiten en la prensa del DF son que “todas” las víctimas “fueron violadas”, “fueron estranguladas” “son obreras”, “tienen entre 15 y 25 años” o que “son menores de 20 años”. Que a “todas” las mujeres “los senos les fueron cercenados” y “las arrojaron al desierto”. O que “hay un asesino en serie”, a “todas” las asesinaron “en ritos satánicos”, “para vender sus órganos”, “en una secta” o “en una logia”.
En el Distrito Federal, paralelamente, se ha generado una industria de presunto apoyo a las víctimas. Ya existen documentales, películas en video, libros, obras de teatro, colectas (se invitó a ir a depositar dinero una urna del Teatro Insurgentes y se afirma que el producto de la venta de videos es para los familiares de las víctimas), entre otras actividades lucrativas.
Por ejemplo, sobre el documental “Señorita extraviada”, el crítico de cine Rafael Aviña escribió en el diario Reforma, el viernes 16 de agosto, más como publicidad que como análisis:
“... es el asesinato en serie practicado contra un sector desprotegido y nulificado por una sociedad machista y violenta: jovencitas entre los 12 y los 20 años, la gran mayoría, trabajadoras de las maquiladoras que abundan en esa región. Es decir, vulnerable carne de cañón para una jauría hambrienta de sexo y sangre que ha operado con el apoyo de instituciones de justicia corruptas y de gobiernos priistas y panistas que se han lavado las manos en el caso de más de 300 mujeres violadas, asesinadas de manera brutal, y abandonadas en el desierto de esa gran ignominia que es Ciudad Juárez”.
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