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Un pasodoble gráfico

Horacio Ruiz Pavón / Fuente: www.horadecierre.com

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Sólo es una fotografía, una que genera mucha admiración y respeto por su plástica refinada y sus personajes, pero es sólo eso, una fotografía.
Sin embargo, el “pasodoble” de Inés Menacho – foto premiada a nivel mundial - es el mejor ejemplo de lo que durante las últimas ediciones de Hora de Cierre hemos venido insistiendo: el gran potencial del impacto visual en los diarios latinoamericanos.
En una recinte edición de la revista Columbia Journalism Review (CJR) se analizó el fenómeno de la gran cantidad de jóvenes que se dedican al fotoperiodismo, pese a ser una profesión de mucho sacrificio y, generalmente, no muy bien remunerada.
Se llegó a la conclusión de que existe una pasión primaria en el ser humano por registrar el mundo en que vive y darlo a conocer a los demás. En otras palabras, esos muchachos padecen de un virus parecido al de los artistas o, acaso, tienen el mismo virus.
“Las fotos realmente parecen darnos algo a que aferrarnos, un sentido de memoria y de confort que las imágenes en movimiento y aún las palabras, raramente nos dan”, afirmó el exeditor gráfico de The New York Times Magazine, Peter Howe.
Este “pasodoble” de Inés Menacho, que ganó el premio Príncipe de Asturias, con el nombre de “Primer Paso”, nos recuerda también la necesidad de consolidar una cultura de trabajo doble en la que el reportero gráfico y el periodista, ya sea el reportero o el editor, conformen un equipo capaz de ofrecer a los lectores ese sentido “de memoria y confort”.
El objetivo es utilizar el impacto visual, más allá de la naturaleza de la noticia, para crear un sentimiento positivo, de aceptación, del lector hacia su diario.
Porque, recordémoslo, ese diario está supuesto a encarnar su fantasía, sus anhelos y su percepción de la realidad.
En esta secuencia de artículos, que no pretende más que asomarse un poco a la realidad del fotoperiodismo latinoamericano, ofrecemos tres testimonios.
Porque, recordémoslo, ese diario está supuesto a encarnar su fantasía, sus anhelos y su percepción de la realidad.
En esta secuencia de artículos, que no pretende más que asomarse un poco a la realidad del fotoperiodismo latinoamericano, ofrecemos tres testimonios: el de un instructor de fotografía, el argentino Horacio Villalobos; el de un editor de Fotografía de un diario, Richard Emblin, de El Tiempo de Bogotá y el de una fotoperiodista, Inés Menacho, de El Comercio de Lima.
Menacho participó en uno de los talleres sobre Fotoperiodismo Avanzado del Instituto de Prensa de la SIP. Villalobos ha sido instructor en varios de esos seminarios y, Emblin también ha participado en dos de los mismos seminarios del Instituto.
El hecho es que, habiéndose convertido la industria del periodismo en una industria de alta tecnología, el factor humano de la fotografía es un ingrediente que le confiere mucho equilibrio.
Pero, así como a muchos periódicos parece que les cuesta adaptarse a la tecnología, otros no saben aquilatar bien a su propio departamento de Fotografía.
El deseo incrustado en estas páginas es contribuir a encontrar esos valores básicos para los diarios del mañana.
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