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La violencia en Colombia cobra su cuota diaria en la psique de los fotorreporteros

Expuestos a la carnicería

Richard Emblin / Fuente: www.horadecierre.com

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Como todo en Colombia, el día de labores en El Tiempo comienza con un “tinto”, café negro recién colado y servido con mucha cortesía por señoras que van empujando sus carritos de metal por todos los departamentos del periódico.
Una vez armados con nuestros “tintos”, los 15 editores del principal diario de Colombia nos congregamos para nuestra reunión editorial de la mañana.
Nuestro editor de Deportes comienza a hablar sobre el próximo partido de fútbol en la Copa Libertadores, entre los equipos de Cali y el de Medellín. Las acciones van a comenzar tarde y podría haber problemas entre los fanáticos.
El editor de Política a continuación habla sobre las discusiones de reformas políticas en el Congreso y el hecho de que el ELN, uno de los grupos rebeldes izquierdistas, se lamenta de haber muerto a tiros al profesor de una escuela en Cocorna, al este de Medellín.
El editor de Nacionales nos informa sobre otra masacre que cobró la vida de nueve personas en el sur del país, y también nos detalla sobre la muerte de otro periodista en Neiva.
Eso es todo por el momento y aún tenemos todo el día por delante. Dado que estamos en Colombia, cualquier cosa puede suceder y, seguramente, sucederá.
Cuando comenzamos a abandonar la sala de reuniones, es obvio que hoy en Colombia no tenemos muchas noticias buenas para dárselas al público. La letanía de tragedias y sufrimientos es larga y, tras una hora de discusiones, nos dirigimos de regreso a nuestros departamentos para comenzar la tarea de armar otra edición del más prestigioso periódico colombiano.
Como editor de Fotografía tengo a mi cargo a 30 fotoreporteros para la cobertura de todo el país. Un equipo de 11 fotógrafos investiga y cubre los acontecimientos en la capital, Bogotá, y sus alrededores. Otros 20 de mis colaboradores, basados en Cali, Medellín, Pereira y Barranquilla, cubren el resto del país.
Aquellos asignados al interior por lo general son los primeros en llegar al sitio de los acontecimientos. Mientras el estado del orden público se deteriora en Colombia, yo confío en mis fotoreporteros en Medellín y Cali para que sean mis “ojos” en aquellas remotas regiones en las que se encuentran expuestos a la violencia y a la carnicería que desdice de la belleza natural del país.
Aliento diario
Los fotógrafos trabajan bajo presión intensa y a menudo tienen que viajar durante horas para fotografiar las tragedias locales y, así, traer las imágenes de miseria y muerte. Desde el punto de vista sicológico, esta labor cobra una cuota emocional entre los miembros de mi equipo.
Yo tengo que, constantemente, darles un respaldo positivo por sus esfuerzos en la cobertura de la guerra civil que nos toca vivir a diario.
Mi trabajo como editor de Fotografía en El Tiempo también implica el mantener un diálogo cercano con las agencias de prensa extranjeras. Dado que tenemos la capacidad de reaccionar ante situaciones noticiosas de último momento, algunas agencias como AP y AFP confían también en mis fotógrafos para facilitarles las imágenes que posteriormente se transmiten al mundo.
Pero lo más difícil de la edición de fotografías es proveer a nuestros lectores con una amplia variedad de fotografías sólidas, dignas de una primera página.
El proceso de selección comienza desde muy temprano, con un recorrido desde mi computadora por las agencias de fotos, en pos de las mejores imágenes.
En seguida paso a mi ronda diaria, llamando a las oficinas regionales para ver cuáles son las historias que están cubriendo. Debido a que editamos seis ediciones locales, la mayoría de las cuales se imprimen y distribuyen en las ciudades intermedias, podemos cambiar las fotografías de la primera página para una región específica, cuando la calidad del material gráfico lo amerita.
Un balance y criterios finos se requieren cuando se escogen las fotos para una primera página. En El Tiempo, creo que ofrecemos una proporción balanceada de fotos locales e internacionales.
Tratar de mantener el paso con el rápido desarrollo de los acontecimientos en Colombia me ha obligado a digitalizar muchas de nuestras operaciones. La necesidad de cubrir una noticia en una región remota ha impuesto cambios no sólo tecnológicos, sino que también culturales en nuestro departamento.
Pensamiento de editor
Algunos fotógrafos, acostumbrados a usar película y procesar sus negativos, tienen que adaptarse y dominar el programa PhotoShop. El cambio quizás no ha sido tan dramático ya que las técnicas básicas para tomar fotos periodísticas jamás cambian.
Lo que yo creo que es más importante es que mis fotógrafos traten de pensar más como editores cuando trabajan con la tecnología digital. Esto es fundamental, de manera que no borren algunas imágenes que pueden tener un gran potencial noticioso.
Saber lo que no se debe borrar es tan importante como saber lo que debemos archivar.
Por otra parte, los fotógrafos bajo mi supervisión, tienen que leer y comprender la importancia de las noticias y, también, sentirse parte del proceso editorial.
Este es todavía uno de los grandes retos que enfrentamos. Los problemas en nuestro trabajo diario surgen cuando hay un divorcio entre el periodista y el fotoperiodista.
Cuando comencé a trabajar en El Tiempo hace tres años, dejando atrás una carrera como fotoperiodista independiente, suponía que los fotógrafos en las salas de Redacción de Colombia recibían el mismo trato que yo recibía en las agencias para las que trabajaba.
Estaba equivocado.
El vacío entre el fotógrafo y el periodista puede ser muy grande y, a menudo, a los periodistas con cámaras se les margina del proceso editorial.
Los fotógrafos deben sentir que son parte integral de la cobertura noticiosa en Colombia, antes que trabajadores mecanizados que sólo sirven para tomar “fotos bonitas”.
El terminar con esta brecha cultural en El Tiempo ha sido uno de mis logros como editor.
He tratado de elevar el nivel de debate en torno al papel de la fotografía en todo el periódico y, a la vez, hemos logrado integrar físicamente a la fotografía al sitio que por derecho le pertenece, el centro de la sala de Redacción.
Como un extranjero insertado en el ambiente de los medios de comunicación de Colombia, he encontrado que mi trasfondo cultural me ha proporcionado ciertas ventajas, pero también desventajas al momento de tomar decisiones editoriales.
He tratado de dar al periódico una visión de fondo al escoger las fotos internacionales y, como un extranjero, también puedo ver la interioridad dentro de un país que visualmente es espectacular y, en el proceso, apreciar ciertas imágenes que ordinariamente no pueden parecer de interés ante el ojo de un colombiano.
Dinámico pero vulnerable
Como canadiense que ha vivido en este país por 12 años, la guerra es cada vez más difícil de entender y el trabajar en El Tiempo puede resultar emocionalmente extenuante.
La violencia puede sacudirnos en cualquier momento, en cualquier parte. Cuando esa violencia nos toca cerca de casa, como en el atentado con bomba del Club Nogal, en febrero de este año, uno se siente vulnerable.
La muerte a tiros en marzo de nuestra editora de Economía, Clara Inés Rueda, cuando falló en detenerse en un retén policial, fue otro golpe devastador para todos en el periódico.
El periodismo en Colombia es una ocupación peligrosa y algunas veces nos olvidamos de esto.
Ya sea trabajando en el lugar de los hechos, o sentados en la sala de Redacción, ninguno de nosotros está libre de peligro.
Sin embargo, trabajar en El Tiempo es también una experiencia enriquecedora. Tengo el privilegio de ser parte fundamental del proceso creativo de un periódico tan dinámico como este.
No hay muchos editores de fotografía y parte de mi responsabilidad es la de trabajar por la institución de una cultura de periodismo visual en Colombia.
Seguramente un día habrá más editores como yo en Colombia y el resto de Latinoamérica, siempre dispuestos a proteger la integridad de los fotógrafos y a proyectar mejor la calidad de sus trabajos?
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