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De la BBC a TVE: el abismo

José Manuel de Pablos Coello / Fuente: www.saladeprensa.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Televisión Española, emisora pública de televisión, es un ente con muy mala suerte. Ha tenido la desdicha de que se hiciera pública una sentencia en los mismos días en que la BBC británica está en el candelero por todo lo contrario por lo que TVE es sentenciada. Eso es mala suerte.
Para empezar, en su seno se origina un comité de periodistas dispuestos a denunciar cómo el ente público se pone al servicio del gobierno de turno. Claro, los díscolos que hay en todas partes… Estos valientes informan a la opinión pública de la desinformación habida con motivo de la actuación oficial tras el hundimiento de un petrolero cargado de fuel en las costas gallegas –que fue la denuncia concreta de los trabajadores del ente en Galicia--, mientras sus compañeros hacen lo mismo con motivo de la posición del gobierno de la derecha en el poder en la guerra y ocupación de Irak; en lo referido al chanchullo de la Asamblea de Madrid… y la manipulación habida en las últimas elecciones. Nada que ver con la idea (equivocada) de primer mundo: parece una televisora del último mundo o del submundo…
Dos días antes, la Audiencia Nacional ha condenado a TVE, tras denuncia del sindicato comunista Comisiones Obreras, ‘por vulneración de los derechos fundamentales de huelga y libertad sindical’, por la (des)información ofrecida en su telediario con motivo de la huelga general del 20 de junio de 2002. Esa noticia —¿lo es una sentencia de la Audiencia Nacional?— se oculta y no se le da cabida en el telediario del día en cuestión, el jueves 24 de julio de 2003, ni al día siguiente, cuando la da toda la prensa.
La sentencia estima que no se aplicaron ‘criterios objetivos’, lo cual dice mucho y malo de un ente público que por serlo es de todos, incluso de quienes no están en el ejercicio del poder en el estado. Según los denunciantes, TVE efectuó ‘una auténtica campaña de propaganda y manipulación informativa’, en sintonía con el gobierno.
El portavoz de éste, Pío Cabanillas, hizo aquel día unas manifestaciones en las que demostraba su incapacidad para la comunicación.
"No ha habido huelga general", dijo con toda la ignorancia que no es de recibo en un portavoz gubernamental.
Una huelga será general si es convocada por todos los sectores de la producción y nada, lo que se dice nada, tiene que ver con el seguimiento que la huelga tenga o deje de tener el día de su realización. De ese modo, una huelga general lo es en el momento de su convocatoria; después se podrá hablar del seguimiento que haya tenido, pero no del tipo de huelga convocada. Confundir los dos conceptos es ignorancia. Que la confusión parta de un portavoz oficial de un gobierno será ignorancia grave o una forma de desinformación y manipulación del ciudadano.
La mala suerte de TVE es que mientras la cae este chapapote, el mundo entero y la profesión periodística se asombra del alto grado de independencia y profesionalidad de la emisora británica, que es pública pero no ejerce de gubernamental, como sucede en España. El papel cumplido por los dos entes públicos televisuales distan un abismo entre sí: uno, al servicio tan poco velado del gobierno y otro al servicio tan poco velado de la información. Con actuaciones como las de la BBC se puede creer en los valores del periodismo y de la libertad de información. Con la actuación de TVE, nada de nada.
Las causas de una sumisión y de la independencia tienen sus razones de ser. Mientras TVE depende directamente del presupuesto general del estado y de la factura publicitaria, con directivos puestos y quitados por el poder gubernamental, la emisora británica vive del canon por televisor establecido en Inglaterra, extremo que la hace depender, de alguna manera, de los miles de ciudadanos propietarios de receptores de televisión directamente y no de un puñado de políticos sin miramiento ni pudor, capaces de poner a sus seguidores sumisos en los puestos clave. Este quita y pon que ha hecho el Partido Popular es el mismo, el mismo, que en su momento hizo el PSOE, no se crean. El problema, por tanto, es el modelo de televisión pública en funcionamiento en España, a pesar del ejemplo británico tan cercano y plausible.
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