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Steven Brill, el aspirante a gurú

Nicolas Artusi / www. periodistaonline. com

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Cada revolución cultural tiene su gurú y Steven Brill, fundador de la escéptica revista Brill´s Content *, es el chamán de los medios digitales y del periodismo convertido en espectáculo mediático. Desde su ahora extinguida tribuna de doctrina, Brill se erigió como un analista lúcido e implacable del nuevo periodismo norteamericano. Pero no de aquel viejo-nuevo periodismo definido por Tom Wolfe en los años sesenta, sino del nuevo-nuevo periodismo: éste de hoy, en el que Internet y la tevé-basura, los medios tradicionales y la prensa gratuita, se confunden y superponen, creando un bombardeo informativo.
Como el caos es un orden por descifrar, Brill asumió el papel de un Hammurabi digital y dictó la Ley que, según él, ordena la información en la era de Internet:
1. Información básica: es ese dato que uno necesita saber y que va a buscar deliberadamente. ¿El sábado va a llover? ¿Quién ganó la final de tenis? ¿Cómo cerró la Bolsa? El lector realiza su propio camino de búsqueda, siguiendo la pista de la información que le interesa.
2. Información real: son noticias importantes, que afectan la vida de los ciudadanos, aunque ellos mismos no lo sepan. La prioridad del nuevo gobierno será acercarse al Brasil. O El Senado está por sancionar una ley sobre medicamentos genéricos. A diferencia de la información básica, el lector no percibe de antemano estas noticias como “necesarias” y, por eso, no va a buscarlas: aquí prevalece el criterio del editor, que debe cumplir con su función de llevar al lector toda la información esencial para su vida.
3. Información sustituta: parecen noticias y, aunque ocupan las tapas de los diarios, no lo son. El emotivo encuentro de Maradona con su hijo o El nacimiento de la hija de la nieta de Mirtha Legrand no afectan la vida del lector, ni son importantes para el país, ni siquiera revelan una tendencia social. Son “historias de vida” narradas con exceso de sentimentalismo, aun por los medios más tradicionales.
4. Entretenimiento puro: son las noticias que abarcan el rango cada vez más amplio del “entertainment”: Diego Torres llenó el Monumental, Tinelli le ganó a Suar. Tampoco son noticias pero, a diferencia de las anteriores, no involucran dramas reales. Todo queda en el mágico mundo del cartón pintado.
Brill el gurú armó estas categorías a fines del siglo pasado, en pleno auge de las puntocom. En ese entonces ya vaticinaba que, en un futuro mediato, Internet sería líder en las dos primeras categorías: el hipertexto convertiría al lector en un sujeto activo que podría encontrar su dato cuando quisiera, sin esperar que la televisión o la radio difundieran esa información. Y la amplia capacidad de contenidos de los sitios web sería el soporte perfecto para desarrollar largas notas de información real.
Pero los tiempos se aceleraron y ese esquema se perfeccionó. La crisis de las puntocom –y el desvanecido sueño de obtener ingresos mediante la publicidad online-- apuró un proceso que parecía inevitable: empezó la época de los contenidos pagos. Y esto transformó el uso de los sitios web. Los principales medios online están copiando de la televisión por cable el esquema del negocio: hay un servicio “básico”, con una cuota de información elemental limitada (la “primera categoría” de Brill). Y existe un servicio “premium” o “pay-per-view” que se paga aparte, con el desarrollo completo de la información real.
El diario español El País fue pionero en este sistema. Hace unos meses --montado sobre el pretencioso eslógan que reza “lo que vale, cuesta”—decidió cobrar todos sus servicios online y mantener gratuita sólo su home page, que consigna unas cuantas noticias básicas, como el pronóstico del tiempo o la programación de tevé. En la Argentina, Clarín no llegó tan lejos pero se acerca: el sitio html sigue siendo gratuito, con una abundante cantidad de alertas informativos. Pero los contenidos exclusivos para la Web se redujeron y su versión premium incluye todo el diario en formato pdf, aun esas notas y secciones que nunca se publicaron en el sitio html (además del preciado acceso al archivo del diario). En los Estados Unidos, muchas puntocom siguen esos pasos, como Inside **, un sitio que bucea en los medios masivos de comunicación. O el influyente Salon, café virtual de intelectuales donde el más exclusivo capuccino literario cuesta 30 dólares.
Este nuevo formato de periodismo digital resulta un desafío para los editores en una Web que utiliza recursos periodísticos prestados de la prensa gráfica, pero también de la televisión. Ahora, es imprescindible editar un sitio informativo con la mirada puesta en dos cuestiones: ofrecer una ruta lo más derecha posible hacia la información esencial. Y a la vez, convertirla en un camino dorado que lleve hacia el mágico mundo de la información real.
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