Los weblogs (Parte III, de IV)

Alejandro Piscitelli // Fuente: www. etcetera.com.mx

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Luego del ataque terrorista y durante la invasión a Irak, muchísimos surfeadores de la Web -incluidos los propios webloggers- acudimos en forma permanente a esas nuevas fuentes donde fanáticos o desesperados, con una disponibilidad aparentemente infinita de tiempo para dar cuenta de las novedades, filtraban la información. Luego, cada uno, en su propio weblog, filtraba lo filtrado. Filtraje de segunda generación. En ese sentido, estos weblogs presagiaban el futuro, aunque en forma todavía rudimentaria. Es cada vez más claro que el objetivo del futuro inmediato no será obtener más información (la que tenemos nos desborda permanentemente), sino volver inteligible la preexistente: convertirla en estratégica, personalizada y fundamentalmente útil para mejorar nuestra comprensión, pero sobre todo nuestra acción.

En síntesis, habrá que elegir, es decir dejar fuera de nuestro foco de atención 99% de la información disponible. Como bien dijo Baruch Spinoza hace cuatro siglos, "toda determinación es una negación". Elegir algo es dejar de elegir el resto. En un mundo infoxicado es mucho más importante desinformarse que sobreinformarse. Necesitamos acudir a pocos datos, sólo los importantes. A pocas interpretaciones, las más atinentes. Pero no podremos cumplir estos deseos acudiendo meramente al ensayo y al error.

Para muchos, los weblogs proveen este filtrado que en el futuro será norma y ley. Los weblogs temáticos remiten a excelentes links sobre este particular. Incluso los weblogs de interés general brindan un servicio excepcional para quienes apenas cuentan con tiempo y ganas para prestarle atención a un par de líneas de datos.
Por otro lado, cuando un lector comparte la cosmovisión de un autor es seguro que valorará íntimamente sus recomendaciones de lectura, y agradecerá infinitamente sus links y comentarios.

Aunque los agregadores automáticos de noticias o los sindicadores de contenidos, supuestamente solucionan estos problemas de selección y filtrado, los resultados son precarios. Lo que necesitamos es más criterio y menos números, más juicios y menos datos. La lectura de infinidad de weblogs demuestra que la calidad de "bueno" supone una combinación de relevancia y yuxtaposición inteligente. Por ello, Rebecca Blood en su The Weblog Handbook [El manual del weblog], que es uno de los escasos materiales sobre estos temas, insiste en que los mejores weblogs crean para sus lectores "serendipia reiterada y focalizada", es decir capacidad de invención/descubrimiento amplificada: exactamente lo que un lector de no-ficción valora siempre es que la guía de interpretaciones elegida provea información que desconocíamos, autores valiosos que ignorábamos, asociaciones que nunca se nos hubiesen ocurrido y sobre todo orientaciones de cómo y dónde saber más acerca de algo cuyo conocimiento nos moviliza y fascina. Es decir, un modo de alcanzar nuestros objetivos de transformación personales y colectivos.

Psicografía y sociografía de los weblogs
Más allá de las razones sistémicas que han convertido en estrellas a pocos individuos, sitios y weblogs, no hay sociedad que no honre y celebre a los desconocidos geniales, y sobre todo a las personalidades iconoclastas, aunque bordeen el paroxismo o directamente el absurdo. Tanto los blogs (nombre con el que se han popularizado los weblogs) como el periodismo on line sirven para colmar el insaciable apetito de la gente para ser entretenida y para tomarse un respiro del mundo excesivamente correcto que proponen los sitios canónicos. Pero, ¿cuán duradero será su efecto y hasta qué punto no se trata de una moda pasajera? ¿Qué posibilidades tiene la heterodoxia de usar las últimas tecnologías a su favor cuando el proceso por el cual los instrumentos y las máquinas se han convertido en commodities es parte del mismo proceso de "liberación" de la opiniones y difusión de las críticas (que vuelve paradójicamente sencilla su neutralización)?
Si profundizamos un poco en los textos de los blogs, más de un analista silvestre descubrirá lo obvio: lo que constituye el alma que hace vibrar a la infinidad de blogs (que son marginales, en el sentido de la ley de Zipf) es la personalidad, el carácter, la idiosincrasia y la forma de ser de sus autores. Es cierto que la mayoría de los 45 mil blogs que cada mes se creaban a través de Blogger (antes de ser comprado por Google), era una mezcla de trivialidades, egos inflados y pobrísima redacción. Pero cada tanto aparecía una gema, y ello no sucedía necesariamente en los blogs consagrados que se actualizan a cada hora. También ocurría en esos sitios abandonados o suspendidos, que vieron morir muy rápido el interés de sus firmantes y que, sin embargo, dejaron una huella imborrable. Mostraron un carácter o una personalidad que realmente merecerían un lugar de honor en el mundo de la palabra escrita. Sin embargo, jamás habrían llegado a ella si hubieran pretendido incluirse en el mundo de la edición en papel, dados los condicionamientos que el mundo editorial impone a los autores y que se agrava cada día más por la crisis económica.

Entonces, cada autor provee a su blog de un valor agregado.2 Se trata de verdaderos narradores que escriben on line, que quizá nunca leyeron a Aristóteles ni conocen a Truffaut, pero están convencidos de que cualquier historia que merece ser escuchada necesita de un principio, un desarrollo y un fin, aunque no sea necesariamente en este orden. Salvo error u omisión, los autores que marcan con su carácter su producción literaria no son Narcisos que sueñan con las cámaras, o con un lugar distinguido en la primera plana de la edición en papel de los diarios. Lo que los mueve a trabajar sin cesar es una genuina delectación por su trabajo de escritura. Por eso, no nos cabe duda de que los mejores blogs son los que, desde el punto de vista de la objetividad periodística, estarían siempre peor considerados en el ranking de la objetividad. Se trata de blogs que presentan un tipo de texto donde se conjugan noticias y opiniones, producidos por personalidades fuertes que eligen arbitrariamente sus temas y los exponen en la red. Defienden a capa y espada posiciones que generalmente no son compartidas por muchos, visiones del mundo que no convocan a lectores comunes de sitios comunes.

Los sitios interesantes no son, entonces, sólo un collage de links o un mero agregado de remisiones a obras de terceros, sino un auténtico trabajo de pliegue de ideas y palabras donde se busca generar nuevas formas de ver. No es la menor de las sorpresas, entonces, saber que muchos de los bloggers, de quienes tienen su blog, no son precisamente las almas de las reuniones. Tampoco son los que vociferan más fuerte o se juegan todo en un acto, faltando a la cortesía e irritando a sus anfitriones. Son tímidos y arrogantes, anárquicos y caóticos, ciclotímicos e inconstantes, oportunistas y buscamundos. Poseen cierto grado de iconoclasia y cierta temeridad, pero también cierta fatiga frente a lo cotidiano y obvio, lo cual tal vez constituye la causa de que sólo unos pocos los lean.

Por otro lado, el enjambre de blogs de la red funciona como un vivisistema, en tanto no se trata de un artefacto de diseño, sino de un sistema vivo. Aunque cueste mucho evaluarlo (y la tarea de revisar centenares de blogs en forma sucesiva es casi una epopeya), una vez que le hemos tomado la mano y los visitamos a diario, sabremos que los únicos blogs que tienen chance de sobrevivir en nuestro interés son los que mutan, los que evolucionan y generan constantemente nuevos temas, los que cambian de intereses y de función. De alguna manera, todo eso responde a los cambios en la vida del autor, pues es él quien se transforma o muere como objeto de nuestro interés.

Cuando el blog tiene esa característica, el lector suele tolerar que no haya posteos diarios. Se espera así con cierta inquietud lo que puede venir: la inesperada recomendación de un libro o una referencia a sitios Web que no habríamos encontrado de ningún otro modo. Sin embargo no hay nada más intolerable en un blog que el racconto pormenorizado -en cámara lenta, peor aún que en tiempo real- de todos los actos triviales que una persona común sufre a lo largo del día (por más fecunda imaginación que posea). Es imposible brindarle valor narrativo a los actos automáticos, por más creativo que uno crea ser. Decididamente, algunas -sino la mayoría de las cosas que hacemos- no merecen ser mencionadas en ningún registro público. No se puede ser creativo todos los días, a menos que uno se llame Picasso y a veces pague con el espanto de la vida personal tanto desborde de lucidez estética.

Ahora bien, ¿por qué visita la gente un blog? En general, para informarse o entretenerse. Para cortar el aburrimiento del día con el señalamiento original de otra persona o profundizar en algunos temas. Cuando un blog no cumple con esos requerimientos, o bien otro blog se hace cargo de lo nuevo, entonces está condenado a la extinción. También puede suceder que la vida de una persona pase por periodos (que pueden durar años) en que se produce cierto estancamiento e incluso el mismo autor se aburre de sí, lo que se traduce inevitablemente en el agotamiento de la escritura. Nada hace esto tan transparente como una publicación on line, casi gratuita y casi compulsiva.
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