El Gobierno, los Medios y la Imagen

Por Rosa Zeta de Pozo / www. pulso.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Los medios de comunicación peruanos están en el tapete una vez más: la acusación de un partido progubernamental de la existencia de un complot por parte de un sector de la prensa para desestabilizar al gobierno del presidente Toledo; la petición de investigar a la prensa, política y jurídicamente, partiendo de esa declaración; y la condena a los diarios que recibieron dinero por difamar a los opositores de Fujimori, son algunas de las noticias que los cuestionan.

Antecedentes

El Frente Independiente Moralizador (FIM), partido que tiene alianza con el actual gobierno, ha denunciado la existencia de un complot de un sector de la prensa, empresarios y de la mafia fujimontesinista para desestabilizar al gobierno del presidente Alejandro Toledo ante el Ministerio Público. Se basa en una declaración de la persona que ayudó a difundir el primer “Vladivideo”.

Las primeras declaraciones fueron generales, no se dio nombres de periodistas; son las que suelen hacerse, muchas veces, con el ánimo de amedrentar a los medios. En consecuencia, los periodistas se muestran contrarios a ese supuesto complot: El Comercio, La República, Perú.21, piden que no se generalice y se especifiquen nombres de los medios y de los empresarios implicados.

Posteriormente el presidente Toledo insiste en que el Congreso forme una Comisión a fin de determinar quienes dirigen la supuesta "conspiración contra la democracia”. El líder del FIM , Fernando Olivera, también pide investigar a los periodistas implicados en el complot, señalando que no pretenden seguir a diarios serios y da nombres: el periodista Fernando Viaña, el empresario Ernesto Shutz, el publicista Borobio , el diario La Razón ( de la familia Wolfenson). Todos estos personajes están en cierta forma relacionados con la connivencia durante el gobierno de Fujimori.
¿Son los medios los que desestabilizan al gobierno?

Son noticias que dejan mal parados a los medios peruanos, pero también al gobierno y a algunos congresistas. Sin embargo no se trata de dejar mal parado a ninguno, sino de analizar qué hay más allá de esas denuncias y de esos intentos de intervenir en la labor informativa y de evaluar también el quehacer de los profesionales de la información.

Primero porque históricamente sabemos que es un recurso de los gobiernos atribuir malas intenciones a los medios cuando éstos informan de todas las disfunciones gubernamentales y las encuestas muestran un nivel bajo de aceptación presidencial en la población.

Frente al concepto erróneo que se tiene de los medios como desestabilizadores de los gobiernos –Chávez, Fox, Toledo y otros lo tienen– es interesante observar que no basta una prensa favorable a la gestión gubernamental si esta información no coincide con la opinión negativa que los diversos sectores pueden tener de una labor gubernamental, partiendo de la simple observación de la realidad.

No son los medios los que pueden mejorar o desestabilizar al gobierno. Son los propios actos: hacer bien lo que le toca y hacerlo saber es la cuestión central de las autoridades gubernamentales como organización en relación a su Imagen

Si hay una buena práctica, que es igual a cumplir bien el cargo para el que el país lo ha nombrado: trabajar en la defensa, desarrollo, y bienestar del país, velar por una mejor calidad de vida para sus ciudadanos, con obras concretas a corto, mediano y largo plazo; los medios no podrán informar lo contrario.

Si la práctica es disfuncional, es importante que se tome conciencia que las denuncias y críticas de los medios son esenciales para que todos aquellos que ocupan cargos públicos puedan captar mejor el sentir de la gente, identificar aciertos y reconocer y corregir deficiencias.

A través de esta labor de fiscalización, los medios pueden ser un buen elemento de control de la actividad pública en beneficio del bien común de los peruanos. Vemos que la divergencia entre la actuación del gobierno y los fines que le corresponden, genera reacciones sociales y en consecuencia no se produce esa identidad y confianza de la ciudadanía con sus gobernantes o autoridades como ellos quisieran. La coherencia entre estos fines y su actuación beneficiarían a todos los que atribuyen a la prensa un complot para desestabilizarlos.

Los medios también pueden ser disfuncionales cuando se alejan del bien común dando primacía a intereses particulares, a lo menos relevante o a lo más espectacular, por ganar raiting u otras circunstancias.

Frente a esos hechos que pueden desestabilizar nuestra profesión –son actos propios, no externos, y ante una posible fiscalización, malintencionada o no– toca a los medios de comunicación realizar un trabajo limpio y transparente, que pueda fundamentar cada cosa que afirma, para no ser tachados y pensar siempre en la construcción del país y sus ciudadanos.

Los gobernantes quieren que los medios informen sólo lo que a ellos les interesa que la sociedad conozca, el incumplimiento del deber los perjudica y para ellos no es tema informativo. Si los medios callan, se convierten en sus cómplices y cunde la corrupción. Y no sólo eso, al no informar lo que deben, desinforman a la sociedad: niegan a la ciudadanía el conocimiento que le da la capacidad de participar significativamente en el proceso político y social.

Es una situación que difícilmente cambiará, por eso los medios deben fortalecer su función de vigilancia de la sociedad y su función fiscalizadora, con responsabilidad, independencia y criterio ético, aunque siempre haya muchas dificultades propias y externas. Ahí está el desafío!






CENTRO INTERNACIONAL DE PRENSA
UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE LA FLORIDA, MIAMI
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