Periodismo a la deriva (parte IV, y última)

Paloma Díaz Sotero // Fuente: www. saladeprensa.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Los ciudadanos deben recuperar su conciencia de ciudadanos, su conciencia pública perdida tras la mutación en consumidores, para ser conscientes de la importancia de estar informados. Para conseguirlo, no faltan propuestas, que yo formulo para el caso español, pero que supongo fácilmente adaptables a otros países:
– El Estado, las Comunidades y los Ayuntamientos deberían fomentar la creación de consejos de participación ciudadana. La verdad, lo veo difícil, principalmente porque al gobierno tratará de impedir toda posibilidad de que los ciudadanos se alíen cualquiera que sea su fin. Cada uno en su casa, con sus necesidades cubiertas, da menos problemas.
– El Ministerio de Educación o, en su defecto, los colegios y los institutos deberían impartir algo de educación cívica (yo tenía una asignatura que se llamaba así en EGB) y fomentar la lectura de periódicos como medio de integración de los individuos en la “res pública”.
– Los medios deberían ampliar su espacio para dar voz a los lectores. Por ejemplo, el ciudadano escribiría más cartas al director si confiara en que los periódicos van a publicárselas, si estos dedicaran más espacio a esta sección.

Me gustaría destacar aquí el apartado que el informativo de Tele 5 dedicaba –en el momento de redactar este texto–, en su edición de los fines de semana, a las noticias y quejas formales que envían los espectadores. Me parece una señal de reconocimiento a los televidentes como ciudadanos. Lástima que este espacio sea una excepción en la cadena y, en general, en la televisión española.

Tal vez no habría llegado a todas las conclusiones expuestas anteriormente si no hubiera tenido a mano una serie de modelos de trabajo periodístico diferentes al trabajo cotidiano que parece hacerse en España. Creo que sólo es posible indagar en algo por la comparación con sus opuestos, y me consta que hay un periodismo al margen de la fabricación diaria y estandarizada de noticias que cuentan cosas que pasan y cosas que dicen. Hay un periodismo que mantiene su condición de servicio público y que estima que sus lectores son seres racionales, sensibles, capaces de reflexionar y agradecidos cuando se le dan a conocer otras cosas que pasan, con mayor profundidad y con otro estilo (mejor dicho, con estilo).

Y lo encontramos en distintos tipos de práctica periodística, según su objetivo: periodismo de precisión, de servicio, de soluciones, de “anticipación” (según Claude Monier)2 y de movilización, todos ellos con el género del reportaje como principal vía de manifestación, lo que me lleva a la primera conclusión: que se puede hacer buen periodismo con espacio y tiempo.
Diariamente, con las plantillas de las que disponen los medios, no puede hacerse ese tipo de trabajo. Pueden realizarse semanalmente. Y con esa frecuencia encontramos historias mucho más interesantes y mejor tratadas que a diario.

Al fin y al cabo, la información diaria ha quedado reducida a contar algunas cosas que “pasan” en el país y en el mundo, y otras que “se dicen”. La profundización y el análisis tienen otro tempo. Podría haber periodistas de plantilla dedicados semanalmente a sacar un buen reportaje, pero eso ha quedado para los domingos. Y lo que se propone luego bajo ese apartado "festivo" no pasa de ser, a menudo, más que una versión un poco más extendida del mismo espíritu creciente de las soft news (o el infoentretenimiento).

En televisión, ni siquiera eso. Suele haber un espacio semanal dedicado a reportajes, como Informe Semanal en TVE, pero pocos formatos como ese clásico encontramos en el resto de cadenas. También tenemos el “30 minutos” de Telemadrid, una vez al mes y a horas intempestivas.

La radio, sin embargo, aunque carece de espacios para el reportaje, está mucho más apegada que los otros medios a la gente de la calle, a los problemas cotidianos del ciudadano normal. Se hace eco de ellos, pero pocas soluciones aporta.

Periodismo de Soluciones
Esto de las denuncias sin soluciones me lleva a aquello que criticaba José Luis Requejo en El modelo de reportero propuesto por el periodismo de soluciones (2001). Decía que el periodista era siempre portavoz de malas noticias.

A mí, el periodismo de soluciones, según los ejemplos a los que he tenido acceso, (Benesch, 1998; Walbran, 2002, Hope Magazine) no me parece a primera vista ni muy atractivo ni muy práctico. Me alegra ver que en EEUU tienen dinero para dedicar publicaciones enteras a soluciones, pero el público que las lea no dejará de ser reducido y específico, como el público que compra revistas de ciencia, de moda, de gastronomía, etc. Supongo que tendrían su target en las ONGs y en la gente con conciencia altruista implicada en labores sociales.

Aun así, y como publicación educativa me parece bien; si trasciende socialmente, mejor. Pero tan incompleto me parece el periodismo general de denuncia que se hace diariamente como el específico de soluciones. Creo, sin embargo que está bien conocer ese periodismo alternativo para caer en la cuenta de que en los periódicos y en los telediarios faltan soluciones. Las noticias que se quedan en la denuncia, en transmitir la mala noticia, quedan incompletas porque nunca se dice qué pueden hacer las personas afectadas ante el problema comentado.

Información movilizadora
Ésta es otra de las alternativas que algunos proponen (Lemert, 1986, Dader, 1999). Escasa, dado que la prensa actual es de periodistas que esperan la noticia para espectadores que la esperan en su casa. Considero que el periodismo no tiene que ser movilizador, a no ser que sea contra una injusticia flagrante (la lapidación en Nigeria) o una guerra injustificada como vimos este año. Que ese carácter forme parte de la línea editorial de un medio es perfectamente legítimo y quizá hasta necesario. Pero los mensajes movilizadores le corresponden, a mi entender, a otro tipo de actores sociales: partidos, instituciones, ONGs, cualquier colectivo y cualquier persona a título individual.

Lo que, en mi opinión, sí deben procurar los medios es hacerse eco de esas movilizaciones hechas por otros. En consecuencia con la demanda de mayor implicación social y mayor acercamiento a la calle, los medios deben informar de todas las iniciativas que surjan de ella, incluidas aquellas que no vienen acreditadas por los agentes sociales clásicos (partidos políticos, sindicatos, instituciones prestigiadas...) y que por eso mismo ponen igual de nerviosos a los poderes oficiales y a los aspirantes a reemplazarlos.

Periodismo de precisión y de anticipación
Éstos sí que me parece que necesitan un impulso efectivo. Promoverlos sería una verdadera labor social a favor de la salvación de la persona como ser racional consciente y en contra del borrego manipulable.

El periodismo de precisión nos sitúa donde estamos, en la realidad, más real en cuanto que nos ofrece datos del pasado y nos muestra las tendencias desde entonces. Este periodismo enlaza con el de anticipación que promovió Claude Monier en Le Temps Strategique,3 que pone el presente en relación con el futuro.

Estas vertientes del periodismo, prácticamente inexploradas en nuestro país, son las que creo más necesario llevar a la práctica. Es la información que nos ayudaría a entender muchas de las noticias que parece que surgen de la nada, sin explicación. Para casi todo lo que sucede hay una explicación y de casi todo lo que sucede se pueden sacar unas conclusiones que ayuden a prever otros acontecimientos similares. Otra cosa es que no interese conocerlas porque nos hace reflexionar, y la invitación a la reflexión puede suponer una pérdida de beneficios. Los lectores de prensa están perdiendo la capacidad de reflexión asociada a la información (las piezas informativas son cada vez más pequeñas y el collage periodístico cada vez más confuso) y muchos telespectadores ni siquiera han desarrollado esa capacidad (habituados a leer montajes de imágenes fugaces).

Un buen ejemplo que encuentro recientemente para justificar la necesidad de un periodismo de anticipación es el de la neumonía atípica. Por lo que se refiere a la información divulgada en los medios españoles, sólo he visto noticias sobre el aumento de casos y la impotencia para contenerlos y curarlos. También leí, pasado el primer mes de enfermedad (el primer mes de su existencia en los medios) algún reportaje sobre el posible origen, pero no vi ningún reportaje sobre las condiciones de vida que en determinada parte del mundo hicieron posible que naciera una enfermedad como ésa. Y lo que más eché en falta fue, (directamente en la línea que reclama el periodismo de anticipación), un reportaje sobre el alcance y las consecuencias que podía llegar a tener la epidemia, basándonos en las circunstancias del momento y en la historia de otras enfermedades endémicas –su nacimiento, su desarrollo y su desenlace–.

Sobre la necesidad de hacer periodismo de precisión tengo un buen ejemplo también: ¿Por qué los medios sólo hablan de los malos tratos desde las víctimas y las denuncias? ¿Por qué no indagan en las condiciones de vida y el perfil de los “verdugos”? Hay factores externos que contribuyen a que alguien tienda a la violencia, igual que al fracaso escolar, igual que a los suicidios. Se podrían analizar numerosos factores de la vida de las parejas y compararlos con los de años anteriores; y podríamos obtener alguna conclusión significativa. Claro, que eso sería factible si hubiera estadísticas fiables y accesibles a los medios. En España, tenemos enormes dificultades para impulsar este tipo de información analítica: la práctica inexistencia de estadísticas completas y fiables y el casi imposible acceso directo a datos oficiales de los organismos públicos (no a los datos oficiales filtrados por la oficina de prensa interesada, que es una cosa bien distinta). ¿Cómo es posible que el Ministerio de Educación carezca, por ejemplo, de un listado de colegios públicos, privados concertados y privados en el territorio nacional? (eso declaran sus portavoces consultados). Así, cómo se van a hacer estudios.

Periodismo de Servicio
La prensa dedica cada vez más espacio a la información de servicio, información de utilidad para la vida cotidiana al margen de los asuntos de política, economía y sucesos que rara vez nos afectan directamente. Hablamos de información sobre y para la vivienda, sobre viajes, salud, estética, cesta de la compra…
Esto es lo que le interesa realmente a la gente. Pero habría que puntualizar dos cosas. Una: esta información va más dirigida al individuo como consumidor que como ciudadano, como bien recalcan Alberdi, Armentia y su equipo (2002) en su artículo sobre el rediseño de El Correo. Y dos: esta información resta espacio a la información política, económica, internacional y cultural, que son las que hacen que uno conozca la sociedad a la que pertenece.

Otra cosa es que éstas sean de baja calidad y no permitan la mejor toma de conciencia cívica de lo que pasa, supuestamente pretendida por ese otro periodismo de máxima trascendencia.

Pero con el contrapunto de estas objeciones, el periodismo de servicio claramente centrado en ayudar al público a resolver necesidades prácticas múltiples, también debería tener un hueco en nuestras agendas profesionales, a veces sólo repletas de trivialidad y falsos intelectualismos.

7. CONCLUSIÓN
El estudio de todas estas prácticas periodísticas, la observación y reflexión sobre el periodismo cotidiano español y el contraste entre todos ellos aportan un conocimiento mínimo, pero imprescindible sobre la profesión y su peso en la sociedad. Estas son las conclusiones que resumen mi aprendizaje personal al respecto:
1.– Periodismo no es sólo informar de lo que pasa (y esperar a que pase). Es reflexionar y hacer reflexionar sobre lo ocurrido, tanto lo distinto como lo cotidiano, y analizar lo ocurrido de manera que nos permita prever posibles consecuencias. Actualmente, la prensa no tiene como función primordial hacer comprender los acontecimientos, sólo contarlos.

2.– La exhibición del presente genera pasividad en los lectores–espectadores y eso les hace perder su conciencia de ciudadanos implicados en un espacio público. El presente puesto en relación con el pasado y con el futuro genera lectores–espectadores activos porque alimenta la capacidad de reflexionar y alimenta la creatividad respecto a cómo enfrentarse con las incertidumbres. Pero esos individuos conscientes son peligrosos para el sistema porque tienen más posibilidades de ser activos socialmente. Un grupo de ciudadanos concienciados de su ciudadanía en democracia son una amenaza.

3.– Es frustrante ver cómo la profesión de uno contribuye a la pasividad de los ciudadanos; darse cuenta de que los medios de comunicación son los agentes sociales más conservadores en estos momentos (ayudados por la publicidad, sin duda). Perpetúan modelos. Mantienen el sistema como está porque, aunque denuncien sus vicios, no indagan en ellos para poder cambiarlos. De la misma manera, el periodismo actual está consolidando un modelo de ciudadano despegado de la sociedad a la que pertenece.

4.– Pero ser consciente de esto, de lo que he escrito en estas páginas y de mucho más, es el primer paso para poder cambiar algo. La lucha consecuente de quienes son conscientes de los defectos de la profesión sería hacer que los demás también reflexionasen sobre estas cuestiones.

5.– Y por último, el objetivo más ambicioso: devolver al periodismo la condición de agente clave en el desarrollo social y de la ciudadanía, devolverle su dimensión cívica.
* Paloma Díaz Sotero es redactora diario español El Mundo y estudiante del Programa de Doctorado Dpto. Periodismo III de la Facultad de CC. Información de la Universidad Complutense de Madrid. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa
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