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Ignacio Echevarría, crítico de “El País”, anuncia su salida acusando al rotativo de censura

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Echevarría acusa de 'cómica' la comparación de sus reseñas con 'armas de destrucción masiva' por parte de Ceberio
Echevarría acusa de "cómica" la comparación de sus reseñas con "armas de destrucción masiva" por parte de Ceberio
El periodista, crítico literario en el suplemento “Babelia”, ha escrito una carta abierta a la dirección del periódico en la que se despide de los lectores por ‘vulnerar interesadamente el derecho a la libertad de expresión’. El motivo, una crítica de Echevarría desfavorable a uno de los libros publicados por la editorial Alfaguara, propiedad de Prisa. Según el periodista, después de su crítica hubo un aluvión de artículos en el rotativo que intentaban paliar los efectos de su trabajo. La polémica sigue abierta
‘¿Tiene sentido ejercer la crítica en un medio dispuesto a desactivar los efectos de la misma y a desautorizar a su propio crítico?’, con esta pregunta abierta Ignacio Echevarría abría la caja de Pandora de uno de los periódicos más importantes a nivel nacional, “El País”. El periodista dirigió una carta abierta a la dirección del periódico en el que se acusaba al rotativo de censura y de vulneración de la libertad de expresión, hacia el que fuera uno de sus críticos literarios más reconocidos desde hace 14 años. El destinatario de la carta es Luís Bassets, director adjunto de dicho diario, que ha publicado en 'Divertinajes'.

La polémica se remonta a una crítica "desaprobatoria" de 'El hijo del acordeonista' (Alfaguara), la última novela de Bernardo Atxaga, publicada por Echevarría el 4 de septiembre en el suplemento “Babelia”.
‘La publicación de la reseña provocó en la dirección del periódico una fuerte conmoción, que se tradujo de inmediato en un pautado despliegue de artículos, entrevistas y crónicas que, en conjunto, apuntaban tanto a paliar y neutralizar los posibles efectos de la reseña como a compensar a Bernardo Atxaga por los perjuicios de todo tipo que ésta pudiera acarrearle. En cualquier caso, la reacción fue tan desproporcionada, que llamó la atención de numerosos medios de prensa españoles, que se hicieron eco de ella de la más variada forma, en general con sorna, pero también con escándalo y con sorpresa’, señala Echevarría.

Tras la mencionada crítica, escribió otra sobre 'El bosque sagrado' (Langre) de T.S. Eliot, que no llegó a publicarse, por lo que escribió una carta a Basset pidiéndole explicaciones. ‘En la respuesta que me dabas al día siguiente, en carta del 29 de octubre, confirmabas que habías impartido, en efecto, instrucciones de que mi reseña no se publicara, y para justificar esta decisión aportabas unas pocas reflexiones que ponían muy en duda las posibilidades de mi continuidad en Babelia a la luz, sobre todo, del tono en tu opinión demasiado tajante y descalificatorio empleado por mí a la hora de valorar la novela de Atxaga’.

Además, señala ‘lo que me preocupa de verdad es que “El País”, del que vengo siendo lector desde hace más de veinte años, y donde vengo escribiendo desde hace catorce, pueda ejercer de un modo abierto la censura y vulnerar interesadamente el derecho a la libertad de expresión, del que tan a gala tiene ser defensor y valedor. Eso, y no otra cosa, es lo que se desprende de la resolución de vetar a un antiguo colaborador por el solo motivo de haber manifestado contundentemente, sí, pero también argumentadamente, su juicio negativo acerca de una novela’.

Por último, la misiva hacer referencia a algunos de los altos cargos del rotativo. ‘Tengo entendido que quien dijo esto, -señala- y lo dijo a voz en grito, frente a varios testigos, fue Jesús Ceberio, director de El País, el lunes siguiente a la publicación de mi reseña. Y te confieso que, dentro de todo, no deja de resultar halagador, para mí y para el oficio de crítico, que a alguien le quepa pensar que una simple reseña, escrita en el tono que sea, pueda tener los efectos de una arma de destrucción masiva. No deja de resultar cómica, por otra parte, la ocurrencia de emplear la metáfora "arma de destrucción masiva" en estos tiempos que corren. Parece que estamos todos condenados —unos más que otros— a presumir su existencia allí donde no las hay’.

Fuentes del periódico han manifestado su respeto a la decisión de Echevarría, ante lo que no quieren hacer ningún comentario.
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