Un abordaje científico y sistémico del periodismo de investigación (Parte II, de II)

Alfredo Torre // Fuente: www. saladeprensa.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Esto último tiene que ver con la liberación de la mente y la ausencia de dogmatismo, entendido dentro de la tendencia a aceptar la verdad por el principio de autoridad (lo dijo el funcionario, el sacerdote, el científico, etc.).

Por otra parte, no habría que dejar de considerar el ámbito de lo emocional puesto al servicio de aquello que pretendemos indagar: “el olfato periodístico”, “la corazonada”, no tienen sustento científico pero son herramientas para poner en crisis el principio de verdad (nos referimos al “tengo la impresión de que esto tal vez no sea así”).

Intentar separar cualquier trabajo periodístico del hecho de investigar, por muy pequeño e insignificante que parezca, resultaría casi imposible. Lo primero que se enseña en todo curso de periodismo básico es responder al qué, quién, etc. Y eso mismo es investigar. Intentar conocer algo sobre lo que no se tiene, precisamente, conocimiento. En general se asocia lo que habitualmente se rotula como “investigación periodística” (IP), aquello que se supone posee un mayor nivel de profundidad, contextualización y análisis. Esto es, ni más ni menos, que “periodismo bien hecho” y punto. Ahora, si esto sirve para diferenciarlo de buena parte de la labor cotidiana de las redacciones, bienvenido sea.

¿Y que hay del denominado “periodismo de investigación” (PdI)? Esta modalidad de trabajo descansa sobre tres principios:

que exista algo ocultado por alguien por alguna razón;
que ese algo ocultado resulte potencialmente de interés para un número razonablemente importante de personas;
que el trabajo de indagación sea una producción original del periodista.
Sobre cada uno de estos puntos digamos lo siguiente:

El hecho del deliberado ocultamiento por parte de una o más personas está frecuentemente asociado a cuestiones irregulares o ilegales. También aparece en el plano alegal, es decir, alentado por la ausencia de normativas.

Existe un público que debería enterarse de ese ocultamiento por cuanto afectaría a sus más diversos intereses (económicos, de convivencia, etc.).

La investigación no ha sido ejecutada por otros interesados en que los resultados sean dados a conocer a través de la prensa. Por ejemplo, el partido político A investiga al partido político B. Los resultados obtenidos perjudican a B, pero difundirlos dando cuenta de su autoría le impediría a futuro seguir negociando con el dañado y, en consecuencia, busca a quien pueda publicarlo aportando todos los datos. Muchas investigaciones que aparecen como “originales” para el gran público son el producto de un dictado de informaciones realizados por otros con los que previamente –en algunos casos– se ha también pactado el precio de la divulgación.

Digámoslo finalmente: el llamado hoy “periodismo de investigación” es –como se le ha escuchado decir al periodista argentino José María Pasquín Durán– “un recurso marketinero impuesto por los medios de difusión para hablar –nada más ni nada menos– que de periodismo bien hecho”, según comentáramos párrafos atrás.

Otra modalidad de trabajo vinculada al proceso investigativo es el “periodismo de precisión” (PdI). A diferencia de la anterior, se puede o no tratar de información ocultada, la que en todos los casos proviene de datos numéricos, estadísticos, que esperan allí donde se encuentren para ser descubiertos. Cuando decimos “ocultada” nos referimos a cuando un país por razones de seguridad no da a conocer la cantidad del armamento que posee. O, en otro orden, cuando un burócrata no tiene interés en que sean publicadas cifras que demuestren su incapacidad para la conducción.

Para saber aún más sobre el PdP, leamos qué dice de él un especialista español, José Luis Dader, reporteado por la revista En Marcha (Año IV, Nº 17, La Plata, dic. 2000):
  • ¿Podría definir en qué consiste el Periodismo de Precisión?
  • Básicamente en analizar datos estadísticos normalmente producidos por organismos públicos para poder descubrir tendencias sociales, características de problemas y comportamientos que pueden ser noticia, pero que pasan desapercibidos. Hay una modalidad añadida que consiste también en la búsqueda de datos empíricos, del tipo que sea, a través de bases de datos informatizadas. Un periodista que pueda cruzar los datos de una base con los datos de otra base podría encontrar diferencias o coincidencias que sean noticia. En vez de buscar declaraciones de personas, busquemos datos que hablen por si mismos.
  • ¿Podría señalar algunos ejemplos?
  • Uno muy sencillo. En cualquier país hay unas estadísticas oficiales sobre divorcios o sobre suicidios. Puede ser una noticia interesante intentar estudiar con esos datos cuál es la distribución de los divorcios por regiones. O de suicidios. Puede ocurrir que la distribución sea muy simple, donde hay más población hay más de todo. O podemos descubrir algo insólito: que en una región relativamente pequeña haya una tasa de suicidios o divorcios desproporcionada. La pregunta es: ¿y eso por qué? La respuesta no la da el análisis estadístico, sino que allí comienza el proceso de indagación.

Otro ejemplo. Habitualmente cuando pensamos en problemáticas de una ciudad que pudieran ser cuantificables, nos podríamos estar refiriendo a la cantidad de accidentes automovilísticos, zonas en que se producen con más frecuencia, cantidad de heridos o de muertos. En general, estos datos ya han sido elaborados por organismos oficiales y no costaría mucho trabajo hacernos de los mismos para publicarlos. Incluso, antes de ello, comprobar con la consulta a fuentes técnicas (estadísticos de distintas escuelas) si el procedimiento de registro ha sido el más adecuado. Sin embargo, podríamos tener una mirada distinta acerca de estos hechos. Por ejemplo, interesarnos sobre los modelos o marcas de los automóviles. A lo mejor nos llamaría la atención que un número elevado de los mismos corresponde a determinado año de fabricación o tipo, lo que nos llevaría a suponer la existencia de fallas de diseño como posible causal de los siniestros. Siguiendo en el terreno de las sospechas, a lo mejor esa empresa automotriz hace costosas campañas publicitarias en los medios. Por consiguiente, sería ocioso pensar respecto a la reacción de la misma si se publicaran los resultados de la investigación.

Otro ejemplo más. Llevar a cabo un trabajo comparativo del presupuesto gubernamental año tras año, y observar si existe un incremento significativo en determinadas partidas como “gastos reservados”, o la asignación de recursos para determinados insumos o servicios injustificados en una repartición.

Para concluir, digamos que una investigación no tiene por qué encuadrar completa y rigurosamente en cualquiera de los conceptos mencionados (IP, PdI, PdP). Bien puede ser una mixtura de dos o de tres. Lo que se inicia como una investigación periodística puede ir encontrando las facetas de lo oculto demostrado a través del cruce de información numérica.
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