Correcciones razonadas (Parte I, de II)

Fernando Díez Losada // Fuente: www. pulso.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Manuales de estilo, artículos en revistas y diarios, folletos institucionales tratan de mejorar los conocimientos lingüísticos y las prácticas de comunicación escrita de sus lectores. Excelente (al fin y al cabo, eso he venido haciendo yo desde hace casi veinte años). Pero, por favor, cuando indiquemos errores e incorrecciones, tratemos de explicar por qué y estar muy seguros de lo que recomendamos. No hagamos correcciones sin razón ni fundamento porque nos pueden aplicar el adagio latino: Medice, cura te ipsum /médico, cúrate a ti mismo/.

Esbozo estas reflexiones porque tengo en mis manos el boletín de una institución estatal, publicado para su personal, en el que, en la sección “Hablemos mejor”, se presenta una serie de casos del “mal uso” del idioma español. Algunos de ellos totalmente ciertos. Pero otros… Juzguen ustedes mismos.

1. No diga: “pido disculpas”, sino “ofrezco disculpas”.

El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define disculpa como "razón que se da o causa que se alega para excusarse o purgarse de una culpa". Si nos atenemos estrictamente a esta definición, no hay duda de que lo lógico es dar, presentar, ofrecer disculpas y no pedir, rogar, solicitar disculpas. En efecto, si disculpa es el motivo con que un supuesto culpable pretende justificar o explicar su falta o error, es obvio que ese aparente culpable tiene que dar, y no pedir, disculpas.
Sin embargo, de la segunda acepción del propio DRAE en el verbo disculpar se infiere que, al menos en lenguaje familiar, disculpa es también el perdón o absolución de las faltas u omisiones que otro comete. Por consiguiente, en este contexto, se pueden pedir, rogar o solicitar disculpas.

Tal vez entre ambas expresiones –dar disculpas y pedir disculpas– existe un cierto matiz diferencial. En dar disculpas se quiere decir que hay motivos (aunque no se expresen) que justifican, o al menos explican, el error cometido o la molestia causada. En pedir disculpas se está solicitando la benevolencia de alguien para exonerar de culpa o perdonar a quien cometió el error o causó la molestia.

La reciente (1992) vigésima primera edición del DRAE registra, como novedad, la frase pedir disculpas, que hace equivalente a disculparse, pedir indulgencia.

Roma locuta, causa finita. No hay nada más que discutir. Las dos modalidades son ya oficialmente correctas.

2. No es “mirarse al espejo”, sino “mirarse en el espejo”.

Un gran número de verbos y nombres exigen determinadas preposiciones (de acuerdo con el llamado régimen prepositivo) en la construcción oracional. Frecuentemente, sin embargo, no se utiliza la preposición apropiada y se incurre así en incorrección gramatical. Por citar unos cuantos ejemplos: Alguien se enfrenta con y no se enfrenta a; algo es diferente de y no diferente a; se informa de algo y no se informa algo...

Los textos de lenguaje y los manuales de redacción y estilo suelen dedicar una buena parte de su contenido a este importante tema del uso preposicional. La Gramática de la Academia, por ejemplo, ofrece en el capítulo XVIII (26 páginas) una "lista de palabras que se construyen con preposición". Su utilidad es manifiesta, y lamentamos que el Esbozo (obra considerada como la versión moderna y actualizada de la gramática oficial) haya prescindido de esa lista.

Pero ¡ojo! No todo lo que figura en los libros y manuales resulta acertado. Así, la mexicana Hilda Basulto en su Curso de redacción dinámica (obra, por los demás, de gran prestigio y utilizada como texto en algunas universidades) presenta como incorrecta la expresión mirarse al espejo que, según ella, debe ser mirarse en el espejo.

Aun aceptando la propiedad de mirarse en el espejo (el DRAE registra diversos casos en el artículo espejo), es necesario advertir que mirarse al espejo es, asimismo, expresión absolutamente correcta, utilizada profusamente en niveles tanto populares como cultos y recogida en la Gramática de la Academia, en el Diccionario de uso de María Moliner y en el Diccionario de dudas del académico Manuel Seco.

Pese a la opinión de doña Hilda Basulto, podemos seguir mirándonos al espejo.
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