Periodistas paraguayos al borde de un ataque de nervios

Benjamín Fernández Bogado / Fuente: www. pulso.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
A 16 años del cambio político que puso fin a una de las dictaduras mas largas del continente hasta esa época, el periodismo paraguayo queda puesto bajo el escrutinio público y los resultados no pueden ser más que los esperados, menos, para un sector del periodismo local que con una visión endogámica creía ingenuamente que la corrupción del Paraguay era un patrimonio del sector público y no de sectores empresariales privados y periodísticos.

Primero vino la encuesta publicada por la Universidad Internacional de la Florida a finales del año pasado que sirvió como disparador para un debate que terminó siendo abordado muy epidérmicamente. Algunos cuestionaron la calidad de la muestra, otros el sesgo de las preguntas y hubo quienes dijeron que “qué se creía un extranjero para juzgarnos”. En todos los casos la reacción ha sido típicamente adolescente como los años que tiene la transición paraguaya.

Siempre a los 16 uno termina culpando a los padres, maestros, sociedad o quién fuera, sin asumir la cuota de responsabilidad sobre el hecho. Eso pasa con una parte de la prensa paraguaya que se vio fuertemente sacudida hace un par de semanas con la revelación del periodista de ABC Color, Dávalos Alfaro, que cubría las noticias del sector de obras públicas y comunicaciones del gobierno y que en una conversación con su fuente resulta grabado contando la supuesta corrupción de otros colegas. La grabación, difundida por medios radiales, generó tal reacción que muchos se vieron compelidos a acciones judiciales o a renuncias de medios donde la exposición cotidiana a través de los teléfonos, radio mensajes o correos de Internet ponían en serio riesgo al programa y consiguientemente al medio radial que representaban.
Cabe sin embargo reflexionar en torno a la calidad del periodismo paraguayo en la larga transición política. Medios cuestionados por su cercanía con el poder, víctimas de una economía depresiva que hizo caer sus ingresos en mas del 80% en los últimos cinco años y en donde la mayor empresa del país , el Estado, se convirtió no solo en referencia informativa sino también en agente generador de ingresos para los medios y para varios periodistas que realizan la doble labor de informar y de comunicar institucionalmente los sucesos de ciertas instituciones públicas.

Es evidente que el conflicto de intereses, la ausencia de un criterio ético, el sentido de servicio, la acción de contrapoder y la cercanía con el poder han terminado por minar la credibilidad, circulación y ratings de los programas, medios y acciones de los periodistas. Paraguay vive el momento mas complejo y difícil en términos económicos de los últimos 100 años. La economía no crece en los niveles esperados (duplicar el crecimiento poblacional, hoy de 2,7%) desde hace 20 años, las escuelas de periodismo multiplican la oferta en medios al borde de la quiebra y con una población que desconfía profundamente de la gestión de las empresas periodísticas como agentes canalizadores de sus intereses. Si uno observa la situación paraguaya y el comportamiento ético de la prensa nacional no hay ninguna diferencia con la practicada por la prensa de los EEUU en los años cuando Hearst, desde las páginas de su diario en San Francisco, alentaba al gobierno de su país a entrar en guerra contra España para redoblar sus ingresos particulares como consecuencia de dicha acción.

La prensa paraguaya tiene muchos ejemplos parecidos al “ciudadano Kane” donde no se puede establecer con claridad si la noticia publicada tiene el interés de informar y con ello hacer participar al ciudadano de la consolidación democrática o simplemente es un mecanismo para hacer mas rico al propietario y mas pobre a la democracia.

El país ha sido sacudido por estos casos que para colofón han terminado en la segunda semana de febrero con el cierre del diario Noticias luego de 21 años de presencia y con mas de 300 periodistas sin empleo. El diario había sido abierto en marzo de 1984 por un cercano amigo del entonces dictador Alfredo Stroessner tras el cierre arbitrario del diario ABC Color.

Quizás este súbito ataque de nervios de los periodistas, el debate en torno a la ética y el conflicto de intereses de los comunicadores y el cierre de un diario lleven a una reflexión mas amplia, seria y reposada en torno al porqué se han reducido las audiencias y el entusiasmo por la democracia, como lo dice el último informe de Naciones Unidas sobre política regional publicado en marzo del 2004 en Lima. Si eso se consigue, habrá ayudado a madurar a una prensa adolescente en una democracia titubeante.
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