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La revista ATB publica un estudio económico sobre Egipto en su número de febrero

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Entre las conclusiones señala que el país crecerá un 6% anual gracias a la inversión extranjera, como la realizada por España que ha invertido 230 millones de euros. En este sentido, destaca el aperturismo económico impulsado por el gabinete de Hosmi Mubarak, y concluye que el crecimiento de Egipto “es irreversible”, pero reclama reformas democráticas.
La revista económica ATB publica en su edición correspondiente el mes de Febrero un exhaustivo estudio económico sobre Egipto, el país de mayor influencia en Oriente Medio y factor de “cierta estabilidad y moderación en el siempre convulso Oriente Medio”. El informe, elaborado por el corresponsal para Asuntos Coyunturales de ATB, Antonio L. Romera, con la colaboración de Ricardo Velasco, economista experto en la zona del Magreb, aborda sector por sector los avances y perspectivas del tejido económico e industrial del país.

El estudio destaca que Egipto ha superado “con menos coste que otros países emergentes de la zona las turbulencias que siguieron a la crisis asiática de 1997 y los acontecimientos del 11-S”. ATB concluye que Egipto muestra un sector primario a la baja –aunque todavía supone un 16 por ciento del PIB y emplee el 28 por ciento de la mano de obra- en contraposición a una industria y sector “servicios” que han ido ganando peso específico de forma progresiva. El sector secundario, que supone un 34 por ciento del PIB, ha crecido gracias la potencia de las industrias siderúrgica y textil, aunque “la palma se la lleva el potente segmento energético”.

En los últimos años, los principales inversores del país han sido Estados Unidos, Francia, España, Reino Unido, Portugal y Holanda. El capital extranjero que ha llegado a Egipto ha mostrado especial atención por los sectores “bancario”, “energético”, “turismo” y “telecomunicaciones”. En el bienio fiscal 2001-2003, España ha sido el tercer mayor inversor con una total de 230 millones de euros de aportación, según el estudio de ATB.

Numerosos sectores de su economía están abiertos a la inversión foránea desde el turismo y su riqueza energética hasta la modernización de infraestructuras o el renovado sector bancario.

Ciertamente, el crecimiento del PIB egipcio –segundo entre los países árabes, tan sólo por detrás del de Arabia Saudita– se ha ralentizado en el último lustro. Con todo, incrementos por encima del 3 por ciento en los años fiscales de 2002-2003 y 2003-2004 llevan “a preguntarse por la verdadera urgencia de esta afluencia de capital extranjero”. El Sr. Velasco afirma que “en realidad, estamos ante un problema demográfico. Cada año se incorporan al mercado laboral cerca de un millón de egipcios y los niveles de crecimiento actuales son claramente insuficientes para asimilar esta mano de obra”. Las tasas de crecimiento demográfico de Egipto, cercanas al 2 por ciento anual, conllevan tanto la incapacidad para elevar los niveles de vida de la población –la renta per cápita encontró su techo en los 1.200 euros, donde permanece anclada desde hace demasiado tiempo– como la formación de preocupantes bolsas de pobreza y la persistencia de niveles de paro superiores al 10 por ciento.

Las autoridades del país y la mayoría de analistas consultados por ATB para este estudio coinciden en cifrar en torno al 6-7 por ciento anual la tasa de crecimiento del PIB que podría revertir la situación. Egipto no ha escatimado esfuerzos para alcanzar tan ansiada meta y la captación de IED es básica en su estrategia. Numerosos sectores de su economía están abiertos a la inversión foránea: desde su riqueza energética hasta el celebérrimo turismo pasando por la modernización de infraestructuras o el renovado sector bancario. Capítulo aparte merece, en el reportaje que publica ATB este mes, la dinámica industria de telecomunicaciones, donde comienzan a producirse más que interesantes fenómenos de privatización. En paralelo a ello, El Cairo ha dado meritorios pasos para reducir la excesiva burocracia y los resabios proteccionistas –que tanto habían dificultado el proceso de atracción de inversiones– en forma de reducciones arancelarias.

Reformas democráticas
El estudio de ATB sobre la economía egipcia da pie a los analistas de la publicación a analizar la situación política que vive el país. El próximo octubre se celebran elecciones generales. En su editorial ATB duda de la limpieza de los comicios y advierte sobre las maniobras de “sucesión” que el actual presidente, Sr. Hosmi Mubarak, está llevando a cabo para asegurar a su hijo la jefatura del estado a partir de este otoño. ATB recrimina esta actitud y reclama “reformas democráticas que permitan unas elecciones limpias el próximo octubre, una diferenciación de poderes evidentes que aporten garantías sólidas a ciudadanos e inversores y que fortalezcan lazos cooperativos con mercados que en la actualidad no están presentes en el país”. El editorial titulado “autocracia egipcia y aperturismo económico” concluye que “Es cierto que el crecimiento económico es irreversible para Egipto, pero no lo es menos que el hecho de que un marco económico aperturista no puede ir acompañado del más absoluto despropósito caudillista”.
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