DTV: nueva televisión y nueva televidencia

Carlos Eduardo Cortés S / Fuente: www. chasqui.org

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
En la llamada sociedad de la información vivimos una acelerada transformación, impulsada por nuevos medios para crear y comunicar, mediante tecnologías digitales. Se están digitalizando flujos de información, comunicaciones y mecanismos de coordinación en muchos sectores de la sociedad. Y ello se traduce, incluso, en la aparición progresiva de nuevas formas de organización social y productiva.

En ese sentido, la actual transición digital de la televisión y la radio es un proceso planetario, cuyo origen se da en las sociedades industrializadas más maduras, pero involucra y afecta de inmediato a los demás países (Katz & Hilbert, Los caminos hacia una sociedad de la información en América Latina y el Caribe, Santiago de Chile: CEPAL, 2003).

La televisión analógica que vemos hoy es una tecnología aislada de otros medios, que codifica y decodifica generaciones de señales de video, con la consecuente pérdida de resolución de la imagen. En cambio, la televisión digital (DTV o digital television), funciona con archivos digitales que se transcodifican a diversos servicios de video.

Y como un archivo digital es siempre un archivo digital, no importa si hablamos de un archivo de video para televisión, o de audio para radio, o de texto para prensa, o un archivo HTML para un sitio Web en Internet.

Por lo tanto, la DTV es multimedial por naturaleza. Sus contenidos ya no se distribuyen solo en televisión abierta y sistemas de cable y satélite; también convergen en redes telemáticas y dispositivos de comunicación móvil inalámbrica.

En otras palabras, la llamada transición digital, acelerada por Internet, la banda ancha del espectro electromagnético y el uso extendido de computadoras y redes, nos hace pasar de una televisión analógica basada en la difusión, a un conjunto de servicios de video digital sustentados en el acceso.

La DTV terrestre, cuya señal abierta puede sintonizarse con antenas internas conectadas a un televisor digital (o uno analógico conectado a una caja decodificadora), ofrece hoy recepción móvil de video, acceso de alta velocidad a Internet y datos multimediales.
Además, la teledifusión digital usa el espectro de radiofrecuencia en una forma mucho más eficiente que la analógica. Es decir, puede difundir de cuatro a cinco señales digitales simultáneas, con calidad de DVD, en la misma porción de espectro que hoy requiere un canal analógico. Y todos ellos pueden ofrecer sonido con calidad de CD, y con servicios interactivos como video a la carta, telecompras y transacciones bancarias, entre otros.

Aclarando términos

Con la transición digital no solo los gobiernos se benefician al liberar el espectro electromagnético para renegociarlo en subastas públicas y usarlo en otros servicios de telecomunicaciones. Por su parte, una vez digitalizada su transmisión, los teledifusores también pueden crear nuevos servicios y modelos de negocio para satisfacer al televidente del siglo XXI, cuyo lema es: “lo que quiera, cuando quiera”.

El servicio premium de televisión digital es la HDTV (High Definition Televisión o televisión de alta definición), de mejor calidad que el DVD. Pero, para poder verla, hay que tener acceso a señales digitales de alta definición y adquirir un televisor digital de HDTV, que hoy puede costar entre mil y US$12.000 dólares.

Esto va a requerir todavía un tiempo en el mundo, y especialmente en América Latina, tal como ocurrió cuando se introdujeron los primeros teléfonos celulares.

Pero, por ejemplo, en los Estados Unidos, a mediados de 2004 ya había más de 1.400 estaciones de DTV en el aire, en 207 áreas metropolitanas, con lo cual la cobertura de DTV ya alcanzaba el 99,7 por ciento de los hogares con televisión en ese país.

Sin embargo, el ciudadano común, que todavía es un televidente analógico, se mantiene sumido en una confusión de términos, incluso debido al abuso de los acrónimos por parte de los medios de comunicación. Veamos:

1) La DTV básica es de definición estándar (SDTV, por Standard Definition Television), mucho mejor que la actual imagen televisiva analógica, sin llegar a ser HDTV, en la cual también cuenta la distancia de la mirada.

2) HDTV, por su parte, no es sinónimo de digital. Se ha buscado como el ‘Santo Grial’ televisivo desde los años 30, y la obtuvo la Japan Broadcasting Corporation, NHK, en forma analógica, desde 1964, de manera que una alta resolución no se consigue solo por vía digital. Incluso ahora, NHK ya trabaja en el formato sucesor de la HDTV: la Ultra High Definition Video o UHDV, con una resolución 16 veces más grande que la HD.

3) Alta definición y proporción o relación de aspecto (aspect ratio), de pantalla ancha, no son equivalentes. La resolución de un monitor de computadora equivale a la alta definición televisiva en términos de píxeles, pero su proporción más común de pantalla, igual que la de los televisores comunes, es 4:3 (es decir, cuatro partes horizontales por tres verticales), mientras que la llamada pantalla ancha tiene proporción 16:9 (o sea, 16 partes horizontales por nueve verticales).

Quizás lo que resulta más confuso es que la letra D se refiera al mismo tiempo a Digital y a Definición, con lo cual muchos conceptos se entrecruzan.

Lamentablemente, el significado exacto de la televisión digital también varía, dependiendo del campo en discusión, donde la HDTV es apenas una cualidad posible.

Desde el punto de vista de los servicios para el televidente, la televisión digital puede presentarse como un nuevo servicio televisivo con canales múltiples (multiplexing o multicasting), sonido envolvente (surround) y características ampliadas para difusión de datos (enhanced television), todo ello en definición digital estándar.

Eventualmente, puede incluir la alta definición, en pantalla ancha, y así está ocurriendo en muchos servicios digitales por suscripción, tanto en los Estados Unidos como en Europa y Asia.

Pero, estas características no necesariamente van todas juntas, pues existen combinaciones ligadas al mayor o menor uso de un recurso escaso, como es la banda ancha del espectro radioeléctrico.

En la producción y la posproducción televisiva, la DTV ya es un hecho corriente, incluso en América Latina, dado que hablamos de la presencia de cámaras, camcorders, videograbadoras, switchers y servidores de video, entre otros dispositivos, cuya característica común es su base tecnológica digital.

Por último, al hablar de distribución y transmisión, la DTV significa un cambio total de los procesos analógicos actuales, para poder enviar video, audio y datos en forma digital, hasta los destinatarios.

Y aunque la meta esté todavía lejos, la transición digital ya está cambiando por entero la forma en que vemos, escuchamos, usamos y consumimos la televisión.

Un poco de historia

Tras una década de desarrollo, la DTV ya se está implementando en los Estados Unidos, Canadá, Australia y algunos países de Europa y Asia.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) definió en los años 1990 los principales estándares para la teledifusión digital terrestre, con lo cual se inició el actual movimiento mundial de migración o transición hacia la digitalización total de la producción y la transmisión de televisión.

El estándar digital estadounidense ATSC se publicó en mayo de 1993 y obtuvo aprobación federal el 16 de septiembre de 1995. Desde 1997, la Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos (FCC) asignó una porción del espectro radioeléctrico para la DTV y estableció el plazo del 31 de diciembre de 2006, para completarla.

El DVB Project, consorcio iniciador de la DTV en Europa, se creó el 10 de septiembre de 1993 y lanzó su estándar DVB (Digital Video Broadcasting), en 1995, no solo para televisión terrestre, sino también de cable y satelital.

En 2003, el estándar japonés ISDB-T (Integrated Services Digital Broadcasting) se puso en funcionamiento con servicios móviles y fijos que ya aprovechan la experiencia adquirida por sus antecesores.

También se habla ahora de la posibilidad de un nuevo estándar no alineado, que podría involucrar a China, Brasil, Argentina, Chile e India, entre otros países interesados, y vendría a ser una norma técnica de segunda generación.

En Latinoamérica, Argentina, en 1998, y México, en 2004, optaron oficialmente por la norma estadounidense. Por su parte, Brasil continúa un prolongado proceso de estudio que podría culminar, en 2005, con su propia norma, su participación en el esquema no alineado o la simple adopción de uno de los estándares ya existentes.

Los demás países están a la espera de esas decisiones, dadas las consecuencias en las dimensiones del mercado resultante.

En el plano internacional, la AIR (Asociación Internacional de Radiodifusión) ya viene tratando el tema de la televisión abierta digital terrestre desde el año 2000. Su XXX asamblea general ordinaria definió: “el objetivo final de lograr la adopción de un sistema o norma común para las Américas -Región II- respetando el ancho de banda de dicha región (6mhz), según lo establecido por la UIT, ofreciendo la mayor cantidad de prestaciones posibles en cuanto a calidades y/o servicios para los usuarios”.

Por su parte, la CITEL (Comisión Interamericana de Telecomunicaciones), de la Organización de los Estados Americanos (OEA), resolvió en 2003 “(1) alentar a los Estados miembros a adoptar e implementar una norma común de radiodifusión de Televisión Terrenal Digital. (2) Trabajar juntos para alentar la transición exitosa de la tecnología de televisión terrenal analógica a la digital, tan rápido como sea posible, reconociendo las condiciones económicas y sociales de cada país”.

En mayo de 2004 se realizó la primera reunión de la Conferencia Regional de Radiocomunicaciones (CRR-04) para la planificación del servicio de radiodifusión digital terrenal (radio y televisión), en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

La segunda reunión se efectuará entre 2005 y 2006, y su mayor desafío es hallar maneras de lograr que la difusión digital opere en forma simultánea con la analógica, la cual tendrá que mantenerse en funcionamiento hasta que el mercado y las economías de escala permitan reemplazar los televisores y los receptores de radio.

Desaparición de fronteras

Una de las principales consecuencias de la transición digital es la desaparición de varias fronteras tradicionales.

Con nuevos modelos de negocios, como la interactividad, la alta definición y los datos, entre otros posibles, se borran las fronteras entre medios impresos y electrónicos (multimedialidad), y entre modalidades de televisión (abierta y por suscripción).

A su vez, las fronteras entre las industrias de computadoras y de electrodomésticos también se están desvaneciendo. Durante la convención de la Consumer Electronics Association (CEA), realizada en enero de 2004, en Las Vegas, se afirmó que más de 350 millones de dispositivos digitales serán vendidos en 2004, tan solo en los Estados Unidos.

Al mismo tiempo, los servicios móviles de DTV están cada vez más vinculados con nuevos sistemas de redes inalámbricas. Por ejemplo, las redes Wireless Fidelity (Wi-Fi), cuyo alcance no rebasa los 50 metros y están disponibles desde 1999 en computadoras portátiles, son hoy un estándar dominante.

Wi-Fi ya ofrece acceso a Internet en hogares, oficinas, instituciones educativas, aeropuertos, cafés y hoteles en todo el mundo. Se espera que, para 2006, cien millones de personas estén usando sus beneficios en todo el planeta.

Para ese mismo año, se pronostica el uso comercial de una versión de Wi-Fi para área extensa, llamada WiMax, que tendrá un alcance de 50 kilómetros y será comparable a una red de teléfonos móviles, pero sin saturaciones ni interferencias.

Finalmente, las Mesh Netwoks (redes en malla o ad hoc) constituyen un sistema de cooperación entre redes inalámbricas, basado en el uso de dispositivos móviles, que pueden brindar acceso de alta velocidad a Internet a costos inferiores a los sistemas de cable o las líneas telefónicas digitales.


Panorama

Si bien todas las mencionadas tecnologías ya existen y muchas de ellas se están aplicando comercialmente, el cambio total a la DTV terrestre no será sencillo ni barato.

Nadie sabe si las computadoras y otros dispositivos lograrán arrebatarle al televisor su lugar central en la sociedad de la información, pero es un hecho que, ante la aplicación viable de la computación distribuida inalámbrica y todos estos nuevos servicios, ya estamos frente a la transformación radical de la producción y la distribución televisiva, y de las formas analógicas de televidencia.

Según la llamada Ley de Beacham, a medida que mejora la tecnología, hay un descenso correspondiente en la excelencia de la programación televisiva. Falta ver si quedan buenos programas cuando Latinoamérica disponga de televisión digital.
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