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EXCLUSIVA GACETA DE PRENSA

Gaceta de Prensa publica en exclusiva y de forma literal las primeras declaraciones de Ramón Pedrós, ex-director editorial del diario gratuito “Metro”

Descárguese la portada falsa en PDF

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Ramón Pedrós demanda a 'Metro' por despido improcedente, daños y perjuicios
Ramón Pedrós demanda a "Metro" por despido improcedente, daños y perjuicios
Ramón Pedrós, despedido de su puesto directivo tras la polémica portada promocional distribuida el pasado 8 de octubre en varias capitales españolas, que incluía noticias falsas rodeando a la actriz Paz Vega con el titular de “Se Busca” en su cabecera, ha enviado en exclusiva una misiva a Gaceta de Prensa agradeciendo el ‘exquisito tratamiento y análisis tan profesional' de la ‘crisis Metro’; a su vez, comunica que tomará acciones legales contra la empresa y expresa su opinión respecto a la situación actual
RESPUESTAS DE RAMON PEDRÓS A LAS NOTAS REQUERIDAS
Mi abogado (Bufete Fernández&Asociados: 93-4592514) ha presentado hoy demanda judicial contra Metro News SL, editora del diario ‘Metro Directo’, en mi nombre, exigiendo indemnización por despido nulo/improcedente, daños y perjuicios, y nota pública de rectificación.

Entiendo el despido, y puedo declararlo ahora que ya es de dominio público, como una represalia por haber denunciado la gestión autoritaria, torticera e insolente del director general de la compañía en España, Carlos Oliva-Vélez, que exige una total sumisión de los directivos y, en concreto, de la Redacción del diario, a sus intereses personales y comerciales.

Desde hace mucho tiempo he sufrido (y denunciado) constantes medidas de presión y acoso con objeto de provocar mi renuncia (sobre todo desde que el diario decidió centralizar la empresa en Madrid). Pero al involucrarme en el asunto de la portada publicitaria, aunque el director editorial no tiene nada que ver con publicidad, se ha perjudicado gravemente mi reputación y mi dignidad profesional.

La represalia se concreta porque fui el único que protestó, denunció e intentó parar la ‘falsa portada’, ya que no incluía ninguna advertencia de que se trataba de un montaje comercial y, por tanto, era una burla a los lectores. Mi denuncia, enviada a la central de Londres, provocó un gran escándalo en Metro International. El gerente en España fue muy duramente amonestado, en comunicación pública a toda la compañía, y él reaccionó como tiene por costumbre: cortando cabezas para salvar su pellejo y, en este caso, también para disolver en la crisis la descabellada creatividad de aquella promoción publicitaria, realizada por su propio ahijado, Pablo Danuzzo, al que colocó como inconcebible jefe de Diseño y Edición.

Mis problemas y mi tormentosa relación con Oliva-Vélez arrancan al intentar mantener una total separación entre información y publicidad. Pero Metro, según su propia definición, no es una empresa editora de diarios, sino que dice mantener con el periodismo una relación ‘sui generis’, ya que la define como ‘una empresa de servicios’.

La Dirección Editorial Internacional de Metro, para intentar desarrollar una ‘imagen de marca’ cada vez más profesional, aprobó esta definición: “Es Editorial todo aquello que el Editor-Jefe (el Director de la Redacción) tiene capacidad para decidir si se publica o no”. Y un anuncio no puede ser eliminado ni removido por el director editorial (le guste o no le guste la creatividad). Ni siquiera podría cambiarlo de página o de sección sin arriesgarse a causar un serio perjuicio económico a la empresa (y, por ello, y por interferirse en los asuntos comerciales, a ser inmediatamente despedido). Mucho menos podría eliminar las cuatro páginas de una ‘portada publicitaria’ que, por lo dicho, dependen de la Dirección Comercial.

¿Qué auguro para el futuro? Auguro una grave e incesante crisis en Metro, si no se releva una cúpula empresarial carente de la cultura editorial necesaria para esta actividad. Hasta aquí ha tenido el impacto de la novedad entre un público sin exigencias, pero los retos del panorama mediático actual exigen ya los gratuitos de segunda generación. Y Metro, si sigue tan entregado a la publicidad y tan identificado con el ejemplo de la comida rápida, no superaría la definición amateur de prensa-basura, encorsetado en un precario modelo de ‘cortar y pegar’ sin opinión ni aparentes recursos para ir más allá.
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