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Las lecciones de Bill Gates

Eluniversal.com

miércoles 22 de octubre de 2014, 12:37h
Cualquier usuario regular de Macintosh dirá que lo que ofrece Windows Vista, el nuevo sistema operativo que Bill Gates lanza hoy martes 30 de enero, es plagio. Los gráficos de la interfaz Aero, con piel de cebolla y transiciones sofisticadas, son muy similares a las de MacOS X, lo mismo que el buscador inmediato y las opciones multimedia.
La “novedosa” barrita lateral (Windows Sidebar ), que conjunta pequeñas y útiles aplicaciones —calculadora, clima, traductor, diccionario, programador de vuelos— no es otra cosa que el Dashboard . Quizá la única innovación, entonces, serían los supuestamente inviolables candados antipiratería.

Nada nuevo. La biografía de William Henry Gates III está llena de acusaciones similares. Se le recuerda que era apenas un adolescente cuando vendió a IBM el sistema operativo DOS que compró a otro programador; que sólo unos días después adquirió el QDOS, que lo rebautizó como MS-DOS (Microsoft DOS) y que no lo vendió a esa misma compañía, sino que le sacó un contrato para llevarse unos centavitos por cada computadora que lo integrara. No pasan de largo que en esos años su madre compartía el directorio de United Way con John Opel, entonces CEO de la IBM; sospechan de favoritismo. Y que los ambientes gráficos de Windows fueron “asimilaciones” de los sistemas operativos que Steve Jobs creó desde su primera Mac: Lisa.

A Gates se le acusa de monopólico y desleal. Windows, usado casi en cualquier rincón del planeta, ha enfrentado demandas por abuso de posición dominante por Internet Explorer, Media Player y Messenger. Los desarrolladores independientes dicen que detrás de ese rostro de niño amable y bonachón, más parecido al personaje de cómic Mad que a Aníbal Lecter, está un hombre envidioso que ha bloqueado las puertas del progreso al “encerrar” la programación. Hace unas cuantas semanas —siguiendo con los ejemplos—, Los Ángeles Times lo acusó de donar 218 millones de dólares a Nigeria para el combate al polio, mientras cerraba negocios (que supuestamente le permitían exenciones de impuestos) por 423 millones con Eni, Royal Dutch Shell, Exxon Mobil Corp., Chevron Corp y Total, acusadas de saquear el petróleo de ese miserable país africano, y de haberlo convertido en una de las regiones más contaminadas de la Tierra.


Sorpresa en sorpresa

Puede ser culpable de eso y más. Seguro. Eso no quita que este individuo, que rescató a los nerds del rechazo social, sea un aleccionador. En su escuela primaria, en Lakeside, Seattle, superó al profesor de informática en sólo una semana; en 1976 abandonó Harvard para dedicarse de lleno a Microsoft, creada un año antes por él, y a los 25 ya había hecho su primera venta a IBM. A los 50 años provocó que el mercado financiero contuviera la respiración al anunciar su retiro de Microsoft, y a los 51 anunció que no se llevaría su riqueza a la tumba y que no la heredaría íntegra a sus hijos, sino que la pondría en manos de la caridad.

Los 23 mil millones de dólares donados para el impulso al desarrollo y a la educación, para la lucha contra el sida, el cáncer y algunas enfermedades curables que afectan al mundo subdesarrollado, lo convierten en el segundo filántropo más grande del planeta, y no es el primero porque arrastró a la causa a Warren Buffet, quien en 2006, a los 76 años de edad, entregó 80% (37 mil millones de dólares) de su capital a la Fundación Bill y Melinda Gates.

Gandalla, monopólico, mañoso con los impuestos. Eso dicen de Gates. Habrá algo de eso, quizá. Ya veremos Vista y diremos. Pero ahora relea las acusaciones y pregúntese: ¿por qué nos resultan familiares? Porque lo mismo se dice de muchos de los ricos en este país. Insisto: Gates no deja de sorprender. Imagínese a esos archimillonarios de México que han hecho su dinero básicamente con el mercado cautivo que representamos los mexicanos; imagínelos donando no todo, sino una cuarta parte de sus bienes a la caridad. Ajá. Sí, como no.

Ni uso PC, ni me gusta Windows. Pero tampoco creo que Gates sea el anticristo. Celebro su responsabilidad social. La aplaudo frente a este mundo en el que los depredadores no tienen saciedad, y en el que el humanismo ha quedado reducido a tema de libros exóticos, abandonados en las bibliotecas.
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