Opinión

Agarrarse que vienen curvas

(Foto: La Moncloa).
Jorge Molina Sanz | Viernes 06 de marzo de 2026
No tenemos una época de cambios, estamos en un cambio de época.

El día nublado y el marino comenta:

—Mirando al horizonte, y no al marítimo de Yolanda Diaz, se percibe como algunos países empiezan a ajustar y asumir cambios, mientras Pedro Sánchez sigue en una política expansiva del gasto público y subida de impuestos.

El tablero internacional —no sólo en lo geopolítico—, está obligando a la UE a repensar su posicionamiento y a escuchar voces discrepantes en política social o económica, a la vista de la inestabilidad y del riesgo evidente de empobrecimiento europeo, si no se deshacen ciertas medidas y no se acomete un salto tecnológico al que ya se llega tarde.

Aunque Alemania, Francia, Holanda o países nórdicos —Suecia, Dinamarca o Finlandia— estén tomando decisiones incómodas o impopulares, pero estratégicas, mientras que Sánchez, como antaño, de lo que habla es de «brotes verdes» y de «escudo social».

Esto supone afrontar retos muy importantes, como la reindustrialización tecnológica, invertir en innovación, ajustar el sistema de bienestar, controlar la inmigración o resolver la financiación de las pensiones, en un entorno de envejecimiento poblacional apremiante y fugas de talento.

Mientras unos miran el crecimiento de la economía digital, ya el 19-21 % del PIB mundial, lo que supone casi 3 veces más del año 2000, otros como Sánchez ofrece un «bono transporte».

Un ejemplo, Suiza firma acuerdos sobre comercio digital, circulación de datos y evitar la doble imposición en servicios online. ¿Una ocurrencia? No, estrategia, porque los flujos de valor viajan menos en contenedores y cada vez más en algoritmos y plataformas. Adaptar las reglas fiscales, jurídicas y comerciales, menos burocracia y más seguridad jurídica es lo que procede con visión a largo plazo

La joven profesora comenta:

—Es lamentable la visión de gobierno que no va más allá del próximo titular de prensa. Sánchez confunde gobernar con repartir caramelos o propinas —como el «bono cultural joven» o el IMV para mayores de 23 años, aunque vivan con los padres— y que se presentan como política económica y «escudo social».

Mucha propaganda, poca estrategia ante el cambio tecnológico, ninguna propuesta sobre productividad, ni proyectos para reformar y adaptar el mercado laboral o la captación de talento ante estos nuevos escenarios. Impera maquillaje estadístico, triunfalismo, con más gasto y más deuda.

Escasea el realismo, sin propuestas para equilibrar el costo de las pensiones o reducir el déficit público. La respuesta son ayudas, regularización de inmigrantes, subvenciones —algo barato para comprar votos—, y más empleo público —en la era de la digitalización—; para financiarlo con deuda pública y falacias estadísticas, como la reducción de la Deuda Pública/PIB, que el ministro Cuerpo vende, pero oculta que la deuda absoluta sube, que debemos más y aumentan los intereses —40.000 millones en 2025— y más lastre de futuro.

Aunque Sánchez mitinee: «a España le renta un gobierno socialista», lo que es difícil, pero ojalá fuera verdad porque vienen curvas.

El marino interviene:

—Declarar que se reduce la deuda pública cuando sigue creciendo, no lo supera ni Houdini, pero tiene su mérito, aunque no deja de ser otra huida hacia adelante de un gobierno que no le preocupa en qué se gasta el dinero; como ha ocurrido con los fondos «Next Generation» destinados a cambios tecnológicos e inversiones productivas, pero que se han esfumado por el sumidero del gasto.

Se ha hecho virtud del vivir sin trabajar o depender de ayudas, hasta la perversión de presentar como avance, como logro social el que, cada día haya mayor número de personas y familias en riesgo de pobreza percibiendo ayudas asistenciales.

Añade la joven amiga:

—No se trata de proponer recortes ciegos, ni negar que el Estado tiene una importante función social, pero para gobernar hay que priorizar, saber diferenciar entre gasto e inversión, ejercer un control férreo de los fondos, seguimiento y evaluación de los proyecto.

Sabiendo que el bienestar social no sale gratis y que el «escudo social» no es un «scutum» —el escudo tortuga de las legiones romanas— para que nos aísle y nos aleje de la realidad.

Las curvas aumentan por momentos y no sirve esconder la cabeza con arengas y discursos buenistas ante los hechos. Necesitamos una gestión de Estado, sin propaganda, sin ruido, sin titulares de prensa, renunciar al aplauso fácil, asumir nuestra realidad, nuestro entorno y nuestros compromisos para acometer reformas estructurales para evitar los ajustes traumáticos en el futuro.

El viejo marino sentencia:

—Claro que todos estos desmanes los lidiará otro gobierno, con un nuevo tablero geoestratégico que lo complica y si lo que se avecina es ajeno a nuestros deseos, pues agárrense que todavía no hemos hablado de la IA y de lo que viene detrás.

Jorge Molina Sanz

Agitador neuronal

jorge@consultech.es

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