Las elecciones desarrolladas en el Lander alemán de Sajonia Anhalt el pasado domingo, con el triunfo aplastante de la extrema derecha de Alternativa por Alemania, AfD, han conmocionado a la UE y especialmente a las gentes sensatas, cada vez me temo que menos, de nuestro país.
Ha sido un triunfo apabullante de un partido claramente nazi, cuya ideología es abiertamente, sin engaños, seguidora de las teorías de Adolf Hitler, ahora que se cumplen los 92 años de su acceso al poder.
Conviene aclarar que lo hizo, como lo ha hecho Ulrich Siegmund, líder de AfD en Sajonia, por la vía democrática, por los votos mayoritarios de sus ciudadanos.
Después vino lo que vino y una II Guerra Mundial de la que también ahora se han cumplido los 81 años de su final. No tantos para haberlo olvidado.
Por tanto ya sabemos cómo empieza y también como acaba. No deberíamos llamarnos a engaño.
Su victoria, la Siegmund, las tesis sobre las que se ha apoyado con ese apoyo mayoritario, han producido un escalofrío a todo el mundo occidental, especialmente a quienes habitamos una UE que pensábamos, erróneamente, vacunado ante ello.
Pero sobre todo es una advertencia para quienes vamos detrás el próximo año, especialmente Francia que tiene elecciones presidenciales, con una Marine Le Pen muy al alza, beneficiada por un Macron a la baja y una izquierda nuevamente dividida.
Pero también España, que en mayo tenemos unas transcendentales elecciones municipales y autonómicas y probablemente en Septiembre las generales.
Ahora, ya tarde, todos los analistas se empeñan en buscar las razones por las que esto ha podido ocurrir. Probablemente ha sido como consecuencia de una suma de elementos y especialmente por la miopía recurrente de los demócratas, sean de derechas, centro o izquierda, que a veces pecamos de ingenuidad y de buenismo.
¿Cómo podemos evitarlo aquí? ¿Es posible frenar y derrotar a la extrema derecha?
Para poder responder a tan complejos interrogantes antes debemos analizar las causas que están favoreciendo su auge, el de las extremas derechas, digámoslo con claridad, la de los fascistas.
Observar cómo en los últimos tiempos han perdido el pudor, la vergüenza, produce pavor. Que se les escuche a cara descubierta asegurar que son fascistas, debe hacernos reflexionar que algo estamos haciendo mal.
En concreto, no aplicar las leyes existentes, en especial una fundamental como la ley de memoria democrática.
¿Cómo es posible que a estos delincuentes la policía no les detenga, los ponga a disposición judicial y se les condene por ese delito? ¿Por qué esa permisividad?
¿Será cierto que el virus destructivo del fascismo se ha inoculado ya en los jueces, fiscales y las FCSE? ¿Por qué un gobierno progresista no lo ha evitado?
Esa sensación de impunidad también se manifiesta, en los últimos días con una mayor gravedad, con esa especie de caza al periodista que les desenmascara, especialmente si son de medios públicos como RTVE. Atacan la esencia de la democracia y la posibilidad de una información veraz.
Las redes sociales se han convertido también en un feudo del fascismo en todas sus manifestaciones. Ahí insultos, descalificaciones, agresividad verbal, que luego inexorablemente conducirá a la física.
Existe entre los demócratas, especialmente de izquierdas, una sensación de agobio, de presión extrema y lo que es más grave de indefensión. Les hemos permitido demasiado y o reaccionamos ya o será demasiado tarde.
Lo ocurrido en Ceuta les ha dado más alas aún. Creo que el gobierno haría bien en solucionarlo lo antes posible antes de que sea demasiado tarde.
Parece que además hay una especie de confabulación para aprovecharse de ello, intentando a través de la colaboración de los suyos infiltrados en la justicia, poder incluso llevar a Pedro Sánchez a juicio. Intentar conseguir por esa vía, lo que han entendido no pueden conseguir por la vía democrática, de los votos.
Todo ello con el apoyo de sus poderosos grupos de comunicación, que utilizan la mentira, los bulos, para también por ese método inocular el virus del fascismo.
¿Qué se puede hacer para evitarlo? ¿Cómo frenamos a la extrema derecha mediática, económica y política?
Va a resultar difícil, complejo, pero nos jugamos demasiado, nos jugamos nuestra mayor bien, la democracia.
Veremos.