Pero lo más grave no es este hecho, sino el que posteriormente lance un escrito pidiendo perdón, no ya a Sánchez, sino a su partido, el PP.
Y más grave aún que el PP ni la haya desautorizado, ni le haya pedido su dimisión, ni tampoco exigido que se disculpe con el insultado gravemente. Resulta absolutamente inaudito y condenable.
Pero claro, se puede comprender teniendo en cuenta que su máxima lideresa, Isabel Díaz Ayuso (Feijóo simplemente asume el cargo de paso), nada menos que en la sede de la soberanía popular, el Congreso, lanzó el mismo improperio a la misma autoridad.
¿Cómo van a desautorizar a una simple concejala, si la presidenta de la comunidad de Madrid se fue de rositas por lo mismo?
Y no solo eso, sino que montó toda una campaña sustituyendo el HDP por “me gusta la fruta”.
Os pido que hagáis un ejercicio de imaginación y cada vez que dicha señora y sus palmeros utilizan esa frase escuchéis o leáis el insulto, HDP, porque esa es realmente su intención.
Durante más de dos años han estado constantemente llamando HDP al presidente del gobierno y no ha pasado nada, nada. Han conseguido que en la política actual se normalice el insulto, la descalificación, el bulo, la mentira, degradando la cosa pública.
A partir de ahí han aplicado, PP, VOX y sus acólitos, el manual de la extrema derecha para crear discordia, tensión, dar la sensación de que en este país, hasta hace poco ejemplar, si imponga la ley de la amenaza y la presión intolerable.
Hacia Pedro Sánchez, sus ministros, el PSOE, los grupos que lo sustentan, periodistas, jueces, tertulianos y tertulianas, haciendo irrespirable el medio ambiente actual.
Escuchar o leer a gentes como Tellado, Abascal, Bendodo, Figaredo, Ester Muñoz, Alicia García, o sus palmeros Inda, Jiménez Losantos, Ndongo, o Vito Quiles indica qué pretenden y los peligros que sus motivos suponen para nuestra democracia.
Cualquier día alguno de sus descerebrados seguidores, en lugar de insultar cometerá alguna barbaridad de la que todos nos veremos afectados.
Están a un telediario de cruzar la famosa “delgada línea roja” que marcaría un punto de no retorno.
Cada vez hay más gente sensata que lo está advirtiendo, pero quizás ese sea el lugar al que intentan llevar a nuestro país esos cuatro jinetes del Apocalipsis, Steve Bannon, Miguel Ángel Rodríguez, Díaz Ayuso y Donald Trump.
Pretenden desestabilizar no solo España, también el resto de la UE, fortaleciendo los movimientos de extrema derecha, creando ese ambiente de tensión, agresividad y miedo, que ponga en grave peligro a nuestra democracia.
¿Qué ponemos hacer para evitarlo?
Primero ser conscientes de ello. Después entender los demócratas, seamos de derechas, centro, las diferentes izquierdas, centrales o periféricas, lo mucho que nos jugamos todos, para unir fuerzas, más allá de nuestras diferencias, para ponerles freno.
Otra manera sería que la ciudadanía, a través del voto, les señalara inequívocamente que así no, que así no podrán nunca llegar al poder.
Pero eso me temo que lamentablemente está muy lejos de poder suceder. Nuestra ciudadanía está miope ante estas estrategias y ciertos medios de comunicación y sobre todo redes sociales como la X de Elon Musk impiden que puedan verlo con nitidez.
La reciente polémica entre ese ser indecente y Pedro Sánchez nos indica que lo tenemos muy complicado.
Creo, aunque dude de su eficacia, que una intensa campaña advirtiendo del peligro inminente que corremos, podría paliar en parte sus efectos, pero siempre desde la unidad total de los demócratas.
Hoy al escribir estas líneas me siento pesimista, pero al menos por mi parte seguiré advirtiendo cada vez que escriba, que si no los paramos algo muy grave puede suceder.
En la política actual de nuestro país debiéramos poner como en las carreteras de Euskadi y Navarra en los lugares de peligro: “Kontuz”.
Veremos.