Opinión

Hablamos de Sánchez

Ramón Rodríguez Casaubón | Viernes 26 de abril de 2024
Hablamos de Sánchez, Pedro Sánchez. Nunca hay nada casual en ninguna de sus actuaciones y menos aun cuando se ha tenido que jugar su supervivencia política. Podemos enumerar cada acto en este sentido, desde el primero cuando decide “asaltar” la secretaría general del Partido Socialista hasta el último adelanto electoral en donde los del PP se veían como gobierno y quedaron como “Hoposición”, permítanme la H inicial para destacar el nivel de oposición que están haciendo. Torticero hasta límites insospechados.

Dentro de esta “Hoposición” se enmarca la última jugada de lawfare protagonizada por la ultraderecha e implementada por el PP que la enarbola tras un trampantojo de estrategia política.

La realidad es que ninguno de los implicados sabe hacer otra cosa más que las que están reproduciendo. La ultraderecha actúa como “voxero” del populismo extremo fascista (no importa la verdad sino la acusación que mancha y manipula); la derecha como “correa de transmisión” del fascismo (no tenemos más que comprobar lo que recientemente ha ocurrido en las Cortes Valencianas con el respeto a los DDHH y en concreto con las víctimas de la dictadura franquista) para intentar conseguir rédito político y dejando bien claro su excelente relación (causa-efecto) con parte del poder judicial y por supuesto con aquella parte de la prensa “comprada” que se dedica a editar libelos manipuladores; y por último está Sánchez, adviertan que no digo el PSOE sino Pedro, haciendo de Sánchez.

Y nos tenemos que detener en este personaje porque es caso aparte. Su capacidad para hacerse con el centro de la “tarima del teatro” por mucho que se le intente desplazar a una de sus esquinas es, de momento, inagotable. Cinco días de reflexión son demasiados y él bien lo sabe. Además, con su carta ha dejado tres posibles escenarios para el próximo lunes, día en el que hará pública su decisión. Y él bien lo sabe: moción de confianza; convocar elecciones o dimitir (ésta y la anterior pueden darse a la vez).

En El truco final el director Christopher Nolan pone en boca de un viejo mago las tres condiciones que deben darse para que un truco de magia sea un éxito. Se basa en la milimétrica temporalización de tres acciones. Primero, tiene lugar la presentación, se enseña una carta, un pajarillo, algo que nos resulte familiar, cercano. Bajemos la guardia. A continuación, aparece la actuación propiamente dicha, en la que el hábil embaucador parece hacer algo extraordinario sustentado en la cercanía del elemento presentado inicialmente. Como, por ejemplo, aplastar una jaula con un canario bajo un pañuelo negro y sacar otro igual de un bolsillo. Es evidente que ha dado el cambiazo, pero no queremos reconocer que ha ocurrido porque significa enfrentarnos a la realidad, acaba de matar a un pajarillo para que el espectáculo continúe y engrandecer su propio ego. El público está deseando que se le engañe, no quiere conocer la verdad. Por eso el aplauso y la ovación quedan pendiente a la llegada del tercer, y definitivo, acto: el prestigio. Se ha mostrado el pájaro, se le ha hecho desaparecer, y ahora se materializa en manos del artista. Se ha cerrado el ciclo y ha llegado el momento de que se encumbre al susodicho. Aunque todo sea una falacia que además cuesta la vida de un animalillo inocente en cada sesión de cada función. La última fase es la más sensible y complicada de conseguir pues depende de haber realizado a la perfección, previamente, las dos primeras.

Ayer tarde asistimos a la grand opening de la temporada de ilusionismo de la recién estrenada legislatura. El mago Sánchez comienza su presentación mostrando una carta a la audiencia, “algo que nos resulte familiar, cercano” como puede ser mostrarse como un hombre cualquiera, enamorado y preocupado galantemente por su pareja. Pocos serán los que no se sientan identificados con estos sentimientos. Continúa la actuación con esos cinco días que se da de margen, que nos da de margen, para que puedan ocurrir cosas. Desde que la gente salga a la calle a mostrarle su apoyo, a que la derecha y ultraderecha cometan el error de convertirlo en mártir. De momento acaba de conseguir cambiar el marco, pasa de señalado, de acusado, a víctima. Siempre resulta más fácil empatizar con la víctima, que aflore la necesidad de protección hacia el atacado. Hacia ese “hombre enamorado que está sufriendo” por su amada. No debemos obviar un hecho significativo, con la comunicación escrita las emociones descritas pueden ser o no auténticas. No tenemos forma de corroborarlo en un primer instante. No es como cuando se hace una declaración televisada donde podemos analizar desde lo dicho hasta cómo se ha dicho. El lenguaje no verbal como cotejo de lo expresado de viva voz.

Y nos queda el prestigio, el giro final de guion que provoque el renacimiento de nuestro protagonista cual Venus de Botticelli. Eso vendrá cuando nos haga partícipes de su determinación. Personalmente creo que anunciará una moción de confianza; pues convocar elecciones (además de tener que esperar los plazos correspondientes por lo del año de legislatura que debe transcurrir) sería tremendamente arriesgado partiendo, además, de una posición de extrema debilidad y dimitir se antoja inviable al no tener a nadie que le pueda suceder por haber construido un PSOE, observen que ahora sí me refiero al partido, absolutamente cesarista en el que se ha encargado de que no exista la posibilidad de que alguien le pueda hacer sombra. Una dimisión abocaría a un adelanto electoral. Por lo que las dos opciones parecen autoexcluirse. Al menos en el argumentario que manifiesto en este artículo. Resumiendo, la interpretación de Sánchez no es personal es política y así debe ser observada. Por otro lado, la moción de confianza seguramente le obligue a pagar un nuevo peaje a Junts, tanto en lo mediático como en lo pragmático ¡Arriesgado!

Para concluir indicarles que podría haber desarrollado una exposición similar centrándome en el maravilloso documental de Sigfrid Monleón, El último truco. Basado en el arte del creador de efectos especiales Emilio Ruiz del Río.

Finalizo con Soul Etspes:

“Si subordinas la inteligencia a la política habrás perdido tu libertad, si es esta última la subordinada nunca fuiste inteligente”.

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