Opinión

¿Código abierto o cerrado? El dilema entre lo privado y lo público en la Red

(Foto: Juan Pablo Mateos Abarca)
Juan Pablo Mateos Abarca | Miércoles 22 de octubre de 2014

Joicho Ito, director del Mit Medialab, afirma que la innovación es la base de la evolución en Internet. La obviedad tiene peso viniendo de quien la declama: cada cinco años, uno de sus proyectos cambia por completo el panorama virtual. Éste ejecutivo joven, sin titulación universitaria, ha sido puesto al mando del laboratorio de ideas digitales más importante de EEUU. Con un pequeño presupuesto de 232 millones de euros, los proyectos de Medialab revolucionan la Red.



Joicho Ito es un acérrimo defensor del código abierto, apuesta por los sistemas operativos libres, profetiza la caída del monopolio de software cerrado Apple y tiene la total convicción de que “lo abierto”, siempre se impone a “lo cerrado”. Ésta concepción del código abierto como panacea del futuro global es una visión utópica de la Red. Discrepar de Joicho puede resultar pretencioso, pero siempre ha habido campos privados en cualquier sector, e Internet no tiene por qué dejar de tenerlos.

Para Joicho, los medios de comunicación deben conseguir “la mirada”, y es lo que se puede cobrar, a más miradas, más ingresos. Su visión de la comunicación se reduce a la apertura máxima de los medios buscando retinas que sufraguen su mantenimiento. Tal vez esa perspectiva, extrapolada de una situación joven del mercado virtual, tenga su explicación en un universo en el que el código es ininteligible, pero los contenidos no lo son.

Los contenidos son cambiantes y con mensaje y significado, su creación necesita de viajes, agencias, lugares y momentos. Una aplicación puede desembarcar en la red y automatizarse hasta generar un elevado número de usuarios; pero una noticia necesita una elaboración basada en premisas de tiempo y espacio, por ello, la sola mirada de su resultado final no tiene el mismo coste. Por otra parte, informes y análisis, tras un elaborado proceso de edición, no tienen como medida el número de internautas que los visitan o utilizan, sino su calidad, y la calidad, tanto de contenidos como de lectores, se paga. Actualmente, la forma de medir la calidad de un observador es subjetiva, y masificar su audiencia por factores numéricos, convirtiéndola en mera estadística, es distorsionar un mercado que tiene matices.

Aunque la presentación de su libro en Madrid, "The power of open", muestre ejemplos de rentabilidad gracias a compartir el conocimiento bajo el paraguas de Creative Commons, afirma que proteger los derechos de autor y compartir la información son compatibles. Como ejemplo, un bloggero que traduce un artículo ayuda a que se lea en otros países, la pregunta es ¿qué gana el bloggero?, ¿qué gana el autor del contenido?. En el paroxismo de su apuesta, incluso considera de Adam Smith, intelectual que ve en el egoismo humano la base del progreso, erró en su teoría. Siendo pragmáticos se podría contraponer que creer en compartir, cuando se tiene, es más sencillo que compartir cuando se carece.

*Joicho Ito creó Neoteny, una empresa dedicada a comunicaciones personales y tecnología, potenció la fundación Mozilla, el navegador abierto que se enfrenta al gigante Microsoft; y es miembro del consejo de Creative Commons, la gran institución sin ánimo de lucro que lucha porque todas las licencias, amparadas bajo una regulación ordenada, sean de uso libre.

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