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Hemeroteca :: Edición del 13/03/2008 | Salir de la hemeroteca
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Por Juan Pablo Mateos Abarca
Última actualización 29/10/2008@13:55:23 GMT+1
El camino hacia las nuevas tecnologías de la prensa tradicional es una sucesión de hechos consumados. La prensa, como forma de expresión en el papel impreso, se sitúa a la zaga del reguero de los avances digitales, que marcan el “tempo”, el ritmo y la velocidad de cambio en el sector editorial moderno.
Las grandes editoriales fichan gente nueva, no contaminada por el olor del papel y no manchada por la tinta en las rotativas. Estos profesionales jóvenes, formados y preparados en el contexto digital, preparan un desembarco que realiza a regañadientes el editor clásico, a sabiendas de que el único camino es la pantalla luminiscente, como ya lo fue la llegada de los equipos informáticos a las redacciones.

Las primeras computadoras en los medios escritos fueron observadas con recelo, cuando no con cierto sarcasmo, consideradas una moda pasajera y experimental. Al cabo de pocos años, no es imaginable ninguna editorial, grande o pequeña, que no tenga un sistema de redes, en función de la dimensión de la empresa informativa, que permita el trasiego de datos, palabras, fotos o correos entre la plantilla y con el exterior.

Del mismo modo, la llegada de Internet ha ido acaparando el medio impreso y ha pasado del Módem y el teletipo y ocupar una mesa en el despacho de un avezado técnico, a ser departamentos enteros, con sus propias secciones de publicidad o redacción al minuto, con sus directores generales independientes e incluso su propia política editorial, como es el caso de los grandes diarios digitales El Mundo o El País.

Los nuevos departamentos digitales modernos adquieren el enorme significado de aquella primera computadora que se transformó, tras invadir el cuerpo editorial con decenas de equipos conectados por Intranet, -con Módems externos de pocos baudios- en grandes proyectos que adquieren cada vez más espacio en la superficie informativa, tanto física como teórica.

El medio escrito generalista se agarra a los grandes seguidores de las antiguas generaciones, de hábitos de lectura sostenidos, a los que mantiene fieles con variopintas promociones, rellenadas sobre todo por personas de edad avanzada que tienen tiempo, y ganas, para seguir día a día la última pieza del bono que ofrece un producto a bajo precio. El contenido informativo, por este proceso de marketing, acaba convirtiéndose en recipiente de artículos en oferta. Es tan duro como reconocer que comprar al lector cautivo cuesta un complemento, a veces más apreciado que el propio servicio que se pretende ofrecer: periodismo y contenidos informativos, a cambio del último I-Pod, teléfono móvil o vajilla de cocina, en cómodos cupones diarios. De hecho, la prensa gratuita es la última oferta del estertor de los medios de papel, su filosofía es: No tengo nada que regalarte, pero te regalo el periódico.

Sin embargo, este devenir se está dando de forma gradual, por fortuna, porque la nueva forma de entender la comunicación, la era digital, no puede ser impuesta ni obligada. El aterrizaje está siendo relativamente suave, gracias a la base de aquellos lectores que no olvidan que la prensa ha sido, y fue, el buzón de la historia de los últimos dos siglos.

Juan Pablo Mateos Abarca
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Foro(s) asociado(s) a esta noticia:

  • El Futuro de la Prensa escrita

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    54 | Teresa - 12/05/2008 @ 20:28:54 (GMT+1)
    Recomendacion del dia; visitar:
    http://quiosquero.blogspot.com/

    Es un ricon especial, alli se habla tb de todo lo relacionado con los periodicos y sus gentes.

    Por que si bien es cierto que en este mundo de locos hay dias en los que no tienes tiempo ni para tomarte un cafe, tb es cierto que hay personas tan nostalgicas como tu Ana, que dan un valor especial a cosas "insignificantes".
    25 | ANA MARTÍNEZ - 13/03/2008 @ 17:52:21 (GMT+1)
    Muy avezadas todas las aseveraciones que se producen en este artículo. Trabajo en una editorial, donde las nuevas tecnologías están más que desarrolladas. Mi arma habitual de trabajo es la pantalla luminiscente a la que alude....

    Pero pueden ustedes estar seguros, que ninguna pantalla del mundo puede sustituir el placer que produce levantarse o acostarse con algo en las manos para leer en papel impreso. Ningún medio digital puede sustituir la agradable sensación de una sobremesa con una taza de café, un sofá y el periódico entre las manos.

    Hay una gran mayoría de trabajadores jóvenes que utilizan el ordenador como arma de trabajo habitual y que no desean invertir su tiempo de ocio en ponerse de nuevo ante el ordenador, para leer. Si es para chatear o jugar, es otra historia. Pero no para leer. Consecuentemente, reivindico desde mi conocimiento del sector la importancia del papel impreso.
    ¿Algo que decir al respecto?
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